19/09/2022
Amaru querido:
Ayer no pude, mi día me llevó a pensarte, sentirte, festejarte en el privilegio de haberte conocido y también llorarte en el amor, cariño y admiración que brotan de todos quienes te conocimos.
Te recordé en tantos momentos, wawa cuando eras compañero en los años de primaria de mi hijo Raití, o cuando te buscamos en una casita por la Buenos Aires, creo donde vivía Adrián, luego un poquito más grande, cuando acompañabas a Susana a las performances de la Familia Galán, después viajaste, yo también y nos vimos pocas veces, hasta que volvimos a compartir espacios de conversa con amigos comunes, entre ellas una sobre masculinidades en el Boca y Sapo, con el Manu, otra cuando te invitamos a exponer al Congreso de Culturas en Sucre que organizamos desde Telartes.
Hasta que me sedujiste a trabajar contigo en el sector público, mi jefe en la Biblioteca del Bicentenario y el CIS. Nos divertimos mucho. Inventamos, provocamos desde acciones artísticas, todo para contribuir ampliar públicos a los libros. Ahí nos dimos tiempo también para nosotros, aminorar la diferencia en años y acercarnos en una linda amistad, buen café, largas conversas sobre los amores y desamores, salidas para lidiar con las trabas de la burocracia estatal, las necesidades y perspectivas del trabajo cultural, las estrategias de horizonte con nuestro país amado.
Puede resultar extraño hablarte directamente, pero sé que ahí estás, seguramente lo seguiremos haciendo quienes te disfrutamos humano, travieso, hermoso, brillante. Harás falta, te extrañaremos, en la amistad y las construcciones conjuntas, auguré verte en la rectoría cultural de Bolivia, te pensé fundamental el momento de hacer la Bolivia que soñamos, la del nuevo mundo posible, sin cerraduras, multicanal, post rencor.
Auguro encontrarme pronto contigo para seguir confabulando aprendiendo.
Te abrazo, te quiero.