07/06/2026
SOMOS MEMORIA: APARTADO X
ENTRE TELONES, BAMBALINAS Y PANTALLAS
Durante casi 27 años de historia, Adaf Bolivia ha sido testigo de una transformación profunda en la manera de contar historias sobre el escenario. Hemos recorrido caminos distintos, pero siempre con el mismo propósito: emocionar al público y honrar la riqueza de nuestra danza folklórica y cultura viva.
Hubo un tiempo -hace más de 25 años atrás- en que las escenografías nacían de las manos de artesanos, pintores y constructores que, con madera, tela, color y creatividad, daban vida a paisajes enteros. Las montañas, plazas ó rincones de nuestra tierra eran construidos con paciencia y dedicación. Aquellas escenografías convencionales no solo decoraban el escenario; tenían alma, textura y una presencia tangible que envolvía a bailarines y espectadores en una experiencia única y no obstante que en un principio, nuestros primeros recursos escenográficos eran modestos, incluso precarios, aquellos telones pintados a mano en acuarelas, eran el lienzo sobre el cual construíamos nuestros sueños.
Más adelante llegaron las escenografías tridimensionales, los arcos, las bambalinas, los elementos centrales y las estructuras que transformaban el escenario en mundos imaginarios.Todo esto hecho por las magníficas manos de la gran artista plástica: Andrea Murillo a quien siempre honramos por el don que posee.
Posteriormente, incorporamos el data show, abriendo nuevas posibilidades visuales. Y fue en 2019, antes de que el mundo se detuviera por la Pandemia, cuando comenzamos a explorar el uso de las pantallas como recurso escenográfico, ingresábamos como compañía de danza folklórica, a la era escenográfica digital.
Sin embargo, el verdadero salto cuántico llegó en el 2021. Al regresar a los escenarios después de aquellos tiempos difíciles de Pandemia, apostamos por el MAPPING en el suelo del escenario y por una integración tecnológica mucho más profunda. Fue el espectáculo “Folklore de amor” que dio rienda suelta a la creación de contenidos específicos. Las pantallas, proyecciones y recursos audiovisuales ampliaron nuestras posibilidades creativas, permitiéndonos viajar en segundos de los Andes a los llanos, de un amanecer altiplánico a una noche festiva llena de color. La tecnología abrió nuevas puertas para la imaginación y nos permitió soñar escenarios que antes parecían imposibles.
Pero ADAF BOLIVIA, nunca utilizó a la tecnología por simple espectáculo. Todas las imágenes, las animaciones y los contenidos proyectados, tenían y tienen un propósito artístico. Las pantallas no eran protagonistas; eran un complemento cuidadosamente diseñado para acompañar momentos específicos de las coreografías, potenciar emociones y enriquecer la narrativa escénica. Se convirtieron en una herramienta al servicio de nuestro arte. Sin embargo, más allá de la madera o los píxeles, de los pinceles o las animaciones, lo verdaderamente importante nunca fue el soporte utilizado, sino la emoción que logramos transmitir, porque al final, ninguna escenografía, por grandiosa que sea, puede reemplazar la fuerza de un movimiento , la pasión de un bailarín o la emoción que nace cuando el arte encuentra el corazón del público.
Ahora, cuando observamos el panorama actual, pareciera que todos los ballets nos hemos uniformado y aquello que nació como una propuesta innovadora es replicado una y otra vez. A simple vista, muchas propuestas lucen similares. Las herramientas son las mismas, los recursos se repiten y aquello que alguna vez marcó una diferencia comienza a diluirse entre la multitud, lo que alguna vez fue una diferencia hoy, se ha convertido en una tendencia generalizada. Pero bien sabemos, que la realidad es otra: nuestra esencia artística siempre ha estado en la capacidad de crear, innovar y adelantarnos al tiempo. Sin embargo, cuando una innovación se vuelve costumbre y todos recorren el mismo camino, surgen interrogantes inevitables: ¿Cómo seguir siendo diferentes? ¿Ha llegado el momento de decir adiós a las pantallas en nuestros espectáculos de danza folklórica? ¿Es tiempo de alejarnos de la tecnología digital que durante años acompañó nuestras propuestas escénicas?
Y la pregunta más importante:
¿ES MOMENTO DE CAMBIAR NUEVAMENTE?
¡QUIZÁS SÍ!
Porque nuestra historia jamás ha sido la de seguir caminos ya recorridos. Nuestra historia ha sido la de abrirlos. Hoy estamos analizando la posibilidad de alejarnos de este recurso tecnológico para iniciar una nueva búsqueda. No porque reneguemos de la tecnología, sino porque creemos que el arte debe evolucionar permanentemente. Porque sentimos la necesidad de volver a sorprender, de volver a romper esquemas y de volver a construir una identidad que marque distancia y genere referencia.
Para nosotros es imperante ofrecer un producto exclusivo, auténtico y de la más alta calidad artística. No buscamos parecernos a nadie; buscamos seguir siendo nosotros mismos. Y si para lograrlo debemos reinventarnos una vez más, lo haremos con la misma pasión, convicción y valentía con la que comenzamos hace casi 27 años atrás. Seguiremos explorando nuevos lenguajes, nuevas formas de comunicación escénica y nuevas maneras de conectar con el público. Porque la danza folklórica de escena teatral merece evolucionar, renovarse y seguir mirando hacia el futuro.
El desafío continúa y como siempre, volveremos a estar un paso adelante. No buscamos ser diferentes por el simple hecho de destacar; buscamos seguir siendo fieles a nuestra esencia: la de un Ballet que siempre ha tenido la capacidad de reinventarse.
Las escenografías convencionales nos enseñaron el valor de la imaginación. Las herramientas digitales nos demostraron que los límites podían expandirse. Ahora, el desafío es dar el siguiente paso, unir experiencia y visión de futuro para construir una nueva etapa donde la innovación vuelva a tener NUESTRO SELLO PROPIO.
Roberto Sardón Orihuela
DIRECTOR GENERAL ADAF BOLIVIA