25/07/2026
📖 La puerta del departamento 7
Todo comenzó una noche de lluvia.
Luciano regresó tarde del trabajo y entró al edificio donde vivía desde hacía casi cinco años.
Mientras esperaba el ascensor, notó algo extraño.
La puerta del departamento 7 estaba entreabierta.
Le llamó la atención porque jamás había visto entrar o salir a nadie de ese lugar.
Sintió curiosidad.
Se acercó lentamente.
Empujó la puerta apenas unos centímetros.
Del otro lado había un largo pasillo oscuro.
Las paredes estaban cubiertas de un viejo empapelado desgastado.
El aire era helado.
Y al fondo descansaba un enorme espejo antiguo.
Luciano avanzó unos pasos.
Miró el espejo.
Y sintió un escalofrío.
No reflejaba absolutamente nada.
Era como si la superficie estuviera vacía.
Como si el espejo no existiera.
Retrocedió de inmediato.
Salió al pasillo del edificio y cerró la puerta con fuerza.
Al día siguiente decidió preguntarle al conserje.
—¿Quién vive en el departamento 7?
El hombre quedó completamente serio.
—Nadie.
Hace muchos años ocurrió algo muy extraño allí.
Desde entonces nunca pudieron volver a alquilarlo.
Luciano volvió a preguntar.
—Entonces... ¿por qué la puerta estaba abierta?
El conserje negó lentamente con la cabeza.
—Eso es imposible.
La única llave de ese departamento se perdió hace años.
La puerta permanece cerrada desde entonces.
Luciano sintió un n**o en el estómago.
No dijo nada más.
Pero esa noche, al regresar del trabajo...
la puerta del departamento 7 estaba otra vez entreabierta.
Exactamente igual.
Como si lo estuviera esperando.
Al día siguiente volvió a avisarle al conserje.
Esta vez ambos caminaron juntos hasta el pasillo.
Luciano señaló el lugar.
Pero cuando llegaron...
la puerta estaba completamente cerrada.
El conserje intentó abrirla.
No pudo.
—¿Ves? Sigue cerrada como siempre.
Luciano no entendía nada.
Él estaba seguro de haberla visto abierta.
Y no fue una sola vez.
Durante las semanas siguientes ocurrió lo mismo una y otra vez.
Siempre de noche.
Siempre cuando regresaba solo.
La puerta aparecía entreabierta.
El pasillo oscuro seguía allí.
Y el espejo permanecía al fondo.
Esperándolo.
Cada vez que intentaba mostrárselo a alguien...
la puerta volvía a estar cerrada.
Nadie le creyó.
Con el tiempo dejó de dormir tranquilo.
Ya no quería volver al edificio.
Hasta que una mañana tomó una decisión.
Hizo las valijas.
Entregó las llaves.
Y se mudó para siempre.
Meses después, un antiguo vecino lo llamó por teléfono.
Solo quería contarle una curiosidad.
—¿Te acordás del departamento 7?
Ayer otro inquilino vino a preguntarme por qué esa puerta aparecía abierta todas las noches...
Y por qué al fondo del pasillo...
había un espejo que no reflejaba nada.
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