17/05/2023
Traer la cámara a la casa de la abuela pocas veces tiene sentido porque nunca me animo a pedirle una foto y siempre me esfuerzo en ocultarle que quiero retratar cada rincón de la casa. Pero esta vez las luces de la cocina están apagadas y todavía se filtra la luz del día por la ventana.
Pongo la pava y armo el lente. Hace mucho que pienso que ya no tiene sentido seguir sacando fotos si pronto me va a reemplazar la Inteligencia Artificial. Pero la luz que entra es muy linda y es única. Y cuando esas cosas se combinan no hay que perder la oportunidad.
Ayer fue una noche difícil y solo recuerdo algunos colores y la efímera sensación de que ser under tiene mucho más que ver con la actitud que con vivir abajo de un sótano.
El humo solo ayudó a formar más niebla. Aún sigo buscando inhalar una corriente de aire.
S**o rápido dos tres fotos y guardo todo. A mi abuela ya le debe parecer raro que tarde tanto en calentarse el agua. El problema es que a pesar de que ella me espere con las tazas y las facturas yo sigo sintiendo una angustia en el pecho que no me puedo sacar, y tiene mucho que ver con que ya no soy ese niño de 12 años que apreciaba cada pequeño momento. Ahora mi abuela sigue estando pero el que no está soy yo. Me quedé en las luces de ayer y en la música que retumbaba. Todavia espero que afuera haya mucha niebla y algunos edificios más viejos. Quiero escuchar los Strokes mientras miro el amanecer y Diagonal Norte a veces es muy amigable.
Yo no estoy tomando el té. No soy yo el que come las facturas ni el que opina sobre lo que ve en la tele. ¿Nadie se da cuenta?
22 de abril de 2023, CABA, Argentina