29/10/2024
Cuando puedo ver un espectáculo de Sergio Boris ( y ese nombre incluye las magníficas maquinas actorales que lo acompañan) me alegro de antemano. Solo saber que voy a asistir a la manifestación del milagro de la creación escénica me dispone a ser devoto de los creadores.
Cada vez que puedo, comento lo que me ocurre cuando “espio” las funciones de sus obras: Me siento un niño que mira lo que no debería ver, paralizado por el atractivo de ese pecado.
Es la mejor descripción que puedo hacer del estado en el que me sumerjo.
Euforia y desazón, no defrauda. Invita a entrar en el universo personal, que aflora de una mirada profunda de la realidad.
Cada vez más, cuando creemos que somos los mentores de nuestros pasos, ignoramos que el presente nos conforma con una cruz como respuesta en el multiple choise que se despliega como alternativa.
En ese universo, todos somos la conjugación de un pasado imperfecto que se expresa en un presente eterno. En ese tiempo verbal no hay futuro / salida/ huida posible, todo es inexorablemente presente y tanto, que ocurre ante nuestros ojos.
En ese ex instituto convertido en gomería, se respira el encierro en el que una familia teje su cotidianeidad.
Un espacio en permanente construcción inacabada, predestinada a la inutilidad y al hacinamiento, es el territorio donde no hay ley.
Afuera, es solo a través de una ventana y de un personaje ausente que está del “otro lado” al que se puede recurrir pero que "no está"
En un pulso de respiración asmática alternan las pasiones que se manifiestan eufóricas para detenerse distraídas y transitar lo que resta del presente inmediato.
Los personajes se ocupan “preocupándose”, elaborando discursos inútiles y repetidos sabiendo que nadie los escucha. Un deseo sin destino que se va en seco.
Una vida rutinaria, con distracciones como excusa para que todo siga igual.
Estos seres conviven con el fracaso de sus ilusiones, sólo uno de ellos, conserva como una deuda que lo atormenta, el motivo que justifica su encierro: aprobar el examen que le ayude a pertenecer a la sociedad organizada, donde imperan leyes imposibles de cumplir…
Su retorno al nido resulta inevitable y ese acto acaba pre anunciando el final, haciendo luz a un posible sentido de ese pedazo de vida que espiamos ocultos entre el público.
Gracias a Sergio, a Carolina y a todxs lxs actores/ actrices que crearon esta maravilla.
Javier Margulis
Trailer de l'obra "Euforia y Desazón" de Sergio Boris estrenada al Temporada Alta 2023