27/03/2024
En el Día Mundial del Teatro
Celebramos la lucha y la paz.
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Mensaje del Día Mundial del Teatro
por Jon FOSSE
El Arte es la Paz
Cada persona es singular y, aun así, igual a cualquier otra. Nuestra apariencia externa, visible,
es obviamente diferente a la de los demás y todo eso está muy bien; pero hay algo en el
interior de cada uno de nosotros que solamente le pertenece a esa persona. Podríamos
llamarlo su espíritu o su alma. O también podemos decidir no encasillarlo en absoluto, en
palabras, simplemente dejarlo en paz.
Pero mientras todos somos disímiles entre nosotros, también somos iguales. La gente
alrededor del mundo es fundamentalmente similar, sin importar qué lengua hablemos, qué
color de piel tengamos, qué color de pelo tengamos.
Esto puede ser paradójico: somos completamente iguales y plenamente diferentes al mismo
tiempo. Talvez el ser humano sea intrínsecamente paradójico, en nuestra fusión entre alma y
cuerpo abarcamos tanto la existencia más terrenal y tangible, así como lo que trasciende a
esos límites mundanos y materiales.
El arte, el buen arte, consigue combinar con su maravilloso modo lo totalmente singular con lo
universal. Nos permite entender lo que es diferente - lo que es exótico, se podría decir – como
algo universal. Y así el arte rompe los límites que hay entre las lenguas, las regiones
geográficas, los países. Une no solamente las cualidades individuales de cada cual, sino que
también, en otro sentido, las características de cada grupo humano, por ejemplo, de cada
nación.
El arte no logra esto nivelando las diferencias y haciendo que todo sea igual, sino que, por el
contrario, lo hace mostrándonos lo que es diferente de nosotros, lo que es exótico o ajeno.
Todo buen arte contiene precisamente eso: algo exótico, algo que no logramos entender
completamente y que, sin embargo, al mismo tiempo de alguna manera lo entendemos. El
buen arte, por así decirlo, contiene un misterio. Algo que nos fascina y, por lo tanto, nos
empuja fuera de nuestros límites y al hacerlo concibe la trascendencia que todo arte contiene
en sí mismo y a la que nos debe conducir.
No conozco otra mejor forma de integrar a los opuestos. Este es exactamente el enfoque
contrario al que vemos demasiado a menudo en todos los conflictos violentos del mundo, que
se dejan llevar por la tentación destructiva de aniquilar cualquier cosa extraña, cualquier cosa
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singular y diferente, a menudo usando las invenciones más inhumanas que la tecnología nos ha
puesto a nuestra disposición. Hay terrorismo en el mundo. Hay guerra. Porque las personas
también tienen un lado animal que las induce a creer que conocer lo otro, lo extraño, es una
amenaza para su existencia en vez de ser un misterio fascinante.
Así es como esta singularidad – la diferencias que todos podemos notar – desaparece dejando
atrás una igualdad colectiva en donde cualquier cosa diferente es una amenaza que debe ser
erradicada. Lo que es visto desde fuera como una diferencia, por ejemplo, en la religión o en la
ideología política, se convierte en algo que debe ser derrotado y destruido.
La guerra es esa batalla en contra de lo que yace en lo más profundo de nuestro ser: algo
único. Y también es esa batalla en contra del arte, en contra de lo que yace en lo más profundo
de todo arte.
He estado hablando acá del arte en general, no acerca del teatro o de la dramaturgia en
específico; pero esto a sido porque, como he venido diciendo, todo buen arte, en lo más
profundo, gira en torno al mismo eje: tomar lo completamente único, lo totalmente específico
y hacerlo universal. Uniendo lo particular con lo universal, expresándolo artísticamente: no
eliminando su particularidad sino enfatizando su particularidad, permitiendo que lo que es
extraño y desconocido brille claramente.
La guerra y el arte son opuestos, así como la guerra y la paz son opuestas – es así de simple. El
arte es la paz.