26/11/2025
TRÍPTICO Seudónimo Anacarsis
No grita tu boca
Qué grito no grita tu boca
qué fuerza no empuña tu puño
qué te impide
qué te ahoga
qué cierra
-nos cierra-
el consuelo.
Saber tu nombre
no alcanza para llamarte,
lamer la tierra
no alcanza para saberte.
Olor a sangre que muerde
y a mordiscos vengarte,
y a mordiscos morirte.
Dame luz
Dame luz
la luz no crecida de tus ojos
esa luz huérfana
de orfandad de niño
bendita
de bendición mocosa
rota
impertinente
leve
de las nanas y las rondas
que ya nadie nos canta,
que ya nadie puede
porque el tiempo desteje su tiempo
en torpes madejas
ariscos vientos
cadenas.
Dame luz
tu luz aún no perdida
que en mis noches de grande
-tan llenas y tan nada-
a veces
se me queda ciego
el vuelo de tu infancia.
La piedad de un asilo
Suspiro
un olvido
de último viernes,
de un viernes de negro.
La memoria enlutada hierve
en ancestros umbrosos.
Y rugen los mu***os comunes
el común destierro
que lame la luna.
Suspiro
la oquedad de las cruces
o la blancura de los techos
altos y fríos.
No hay, no
ni la piedad de un asilo.
Recuerdos de muerte
esconden las miradas
en la bruma desprolija
de los desencuentros,
en la perdida
transparencia de las palabras,
en la fragilidad doliente
de los que quedan,
no más vivos.
Recuerdos y fantasmas,
sepulcros sin nombre que despelleja
una luna hambrienta de castigo.
El olvido no es suficiente
ni la justicia que vuelve a desaparecerlos.