22/08/2026
TUCUMÁN ARDE DESDE 1966
Comparto unas páginas del capítulo 2 del Libro de Historieta documental “ARANCIBIA, el Maestro descalzo”, editado hace unos meses por ATEP, la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales.
Para comprender el contexto histórico de violencia que vivía Tucumán desde años anteriores al golpe militar del 1976, hacemos un recorrido por aquel trágico 22 de agosto de 1966, del cual hoy se cumplen 60 años, con el Decreto del Cierre de los ingenios por orden de la dictadura de Onganía y de los intereses extranjeros imperialistas.
Es necesario ejercitar la memoria histórica y política, especialmente entre los docentes, quienes cuentan con estas páginas para trabajar con sus alumnos. (Si las desean en mejor resolución, me escriben a [email protected] y con gusto se las enviaré)
Realizamos una profunda investigación en entrevistas, documentales, libros, destacando la obra del historiador Roberto Pucci en su libro HISTORIA DE LA DESTRUCCIÓN DE UNA PROVINCIA. TUCUMÁN 1966.
Compartimos algunos textos que resumen con crudeza la historia de resistencia en Santa Ana y lo que significó para Tucumán, el Cierre de los Ingenios.
ROBERTO PUCCI: “El cierre de los Ingenios no fue un operativo pacífico como describían los diarios porteños, por ejemplo. “Extínguense ocho ingenios en Tucumán”, como sostuvo “La Nación” cuando se tomaba la medida brutal, no.
El ingenio Santa Ana, ocupado por la Gendarmería, estuvo en un sitio en regla por más de veinte días. Sus obreros, atrincherados dentro de la fábrica para que la misma no se cerrase. Parientes, mujeres, madres e hijos les tiraban milanesas por encima de las alambradas para que pudieran subsistir. Hasta que la orden vino, la Gendarmería avanzó y ¿con quién se enfrentó?, con las mujeres con banderas argentinas que les decían: “¡Ustedes son soldados de la Patria, no nos pueden acallar!”
No existe, quizás, otro momento que resulte más decisivo en la historia del Tucumán contemporáneo. La catástrofe vivida en esos tiempos trazó una frontera indeleble entre la provincia que fue y la que le sobrevivió. Se demolió una gran parte de su aparato productivo, se aplastó a sus pequeños productores cañeros, se redujo a su proletariado a menos de la mitad, se exterminó a muchos de sus más destacados dirigentes políticos, sindicales, agrarios, estudiantiles, y también a sus empresarios. Surgió una segunda provincia fantasmal y flotante, formada por 250.000 tucumanos, los que pasaron a vivir en el exilio interior, como refugiados extranjeros en el Gran Buenos Aires.
1966 fue el “annus horribilis” de nuestra historia”.