16/10/2024
Mientras esa casa nuestra se incendia allá en la superficie, silenciosamente abajo, el mundo consume lo calcinado sin pausa pero sin prisa. Con el fuego entre los dientes y atontados por el humo, vamos a la deriva quemando las propias naves. Somos los trágicos volcanes de estos nuevos tiempos, y el más grande de los tsunamis cada vez, los asteroides y también los dinosaurios. La barbarie y la belleza del siniestro.
Ya no alcanza el verde pasto ni el limpísimo cielo cada vez menos frecuente. Ya no alcanza con el amor, que no sabemos qué mi**da es, ni cómo funciona. Ya no alcanza ni siquiera con los fuegos. Y lo peor de ese incendio que iniciamos es que no nos mata calcinándonos en sus lenguas maravillosas, sino que lo hace por asfixia, cómo la tonelada de tierra que aprisiona nuestro destino final, allá abajo.