14/07/2026
Un cántaro de fino barro,
presumía de su esplendor;
«Nada habrá que me destruya,
soy ejemplo de valor».
Mas llegó el divino Alfarero,
con su santa autoridad:
«Más que intacta tu apariencia,
quiero en ti sinceridad».
Y al romperse en mil pedazos
ante el pueblo reunido allí,
comprendieron que el orgullo
tiene siempre mal fin.
No desprecia Dios el barro,
ni se goza en el dolor;
quiebra aquello que nos pierde
para darnos algo mejor.
Quien escucha sus llamados
y se deja transformar,
vale más siendo humilde
que orgulloso al caminar.
Moraleja
No es desdicha el ser quebrado
por la mano del Señor;
peor suerte es endurecerse
y olvidar al Creador.
Quien permite al Alfarero
su carácter modelar,
hallará que entre las grietas
Dios comienza a edificar.
Lucas iririarte