23/04/2026
!!!
Hoy recogí estos frutos maduros del jardín. Dos maravillas, por forma y sabor, que necesitaron años de acciones repetidas, circunstancias, cuidados y también azares para llegar a ser.
Pensé que las obras de arte y los proyectos de lxs artistas también necesitan todo eso: práctica, ejercicio, repetición, circunstancias a favor, cuidados y, por qué no, también un poco de azar en su camino.
Dije frutos maduros, obras, artistas y tiempo, y viajé al pasado para reencontrarme con este texto que escribió el querido Tulio de Sagastizábal para una de mis primeras muestras individuales, a inicios del 2000, que se titulaba: “Caer de maduro”.
(...)
Los artistas son frutos extraños: cuando están maduros caen del árbol y comienzan a rebotar. Dan un golpe aquí y después dan un golpe allá.
Esos golpes ocupan el lugar de una respuesta y siempre son sorpresivos, si de artistas se trata. Desconciertan, o pueden asombrar; en todo caso siempre provocan un extraño vacío ante nosotros, y algunos nos arriesgamos a penetrar en él, y otros no.
Extraño vacío o desconcierto porque han logrado abrir las imágenes al medio como si fueran un durazno maduro, o partirlas, destruirlas, en muchos pedacitos de los que brotarán más adelante las nuevas imágenes que repetirán el ciclo biológico de lo imaginario.
Pero, cuándo está maduro un artista? Quizás siempre lo estuvo, dado que la condición misma de artista, de serlo, de poder serlo, de decidir serlo, es esa misteriosa capacidad remota e ignota de caer y rebotar.
Y siempre todo comienza en la caída, como un relato mítico cualquiera. La caída, la caída al vacío, la caída en el propio destino, la caída en la deslumbrante capacidad de decir, decir con la propia voz, hablar con la propia historia.
O sea que caer se da porque es insostenible la quietud.
(...)
Disfruto de sentarme en el jardín y ver como el tiempo nos ha madurado a todos y cada uno de los seres que aquí estamos siendo
ヽ(^○^)ノ