25/05/2026
En tiempos donde nos quieren hacer creer que todo lo valioso viene de afuera, terminamos mirando lo nuestro como si valiera menos: nuestra cultura, nuestra forma de hablar, nuestras ideas, nuestra gente.
Algunos nos enseñaron a admirar siempre hacia afuera, como si la identidad fuera una vergüenza y no una riqueza.
Y no.
No todo lo extranjero es mejor.
No todo lo argentino está condenado al fracaso.
Nosotros seguimos creyendo en el arte de nuestro país.
En la gente que labura acá.
En los que crean, enseñan, actúan, escriben y resisten acá.
Y también creemos que nos hicieron perder tiempo en grietas absurdas, desconfiando entre nosotros mismos, como si el problema fuera el argentino de otra provincia.
Yo, Victor, nací en Buenos Aires y hace años trabajo en Salta. Y si algo aprendí, es que este país se vuelve mucho más grande cuando deja de mirarse con desconfianza, prejuicio y generalización.
Porque mientras discutimos pavadas entre nosotros, otros hacen negocios con un país dividido, sin identidad y convencido de que no vale nada.
No necesitamos más grietas inventadas.
Necesitamos reconocernos. Escucharnos. Tirar todos para el mismo lado.
Perder el sentido de pertenencia no nos hace más libres.
Nos hace más fáciles de vaciar.
“Los hermanos sean unidos…”
¡Que Viva La Patria! 🇦🇷