31/07/2026
Los grandes cambios nunca llegan por casualidad.
Llegan cuando dejas de negociar contigo misma y eliges el compromiso por encima de la comodidad.
Cuando decides aparecer una y otra vez, incluso los días en los que nadie te ve.
Cuando elijes la disciplina por encima de la excusa.
Yo también estoy atravesando uno de ellos.
Después de 14 años celebrando los cambios de estación en mi Casita de Madera, rodeada de bosque, de silencio y de naturaleza… la vida vuelve a empujarme hacia un lugar completamente nuevo.
Y os confieso que siento vértigo.
Porque nunca imaginé que llegaría el momento de abrir las puertas de todo mi mundo a la gran ciudad, de empezar una nueva etapa dando clases presenciales en Barcelona y talleres en México.
Durante un tiempo pensé que quizá me estaba alejando de mis raíces hasta que entendí que las raíces no son un lugar.
Las raíces viajan con nosotras allí donde vamos si caminamos desde la verdad.
Cada vez sois más las Mujeres que me escribís para pedir un lugar donde danzar, donde volver a sentir vuestro Cuerpo, donde encontraros con vosotras mismas.
Y cuando llaman tantas veces a la misma puerta al final solo me queda abrir.
Así que aquí estoy.
No porque no tenga miedo sino porque aprendí hace tiempo que el miedo no siempre viene para detenernos, muchas veces viene para confirmar que estamos cruzando el umbral de algo importante.
La Danza no solo transforma un Cuerpo.
Transforma a una Mujer entera.
Ta hace más libre. Más consciente. Más fuerte. Más auténtica.
Porque el verdadero poder no nace de la fuerza.
La fuerza se construye cada vez que tomas una decisión que te parecía imposible y
eso es exactamente lo que siento que estoy haciendo.
Volver a mí.
Aunque el camino sea nuevo.
Aunque el destino todavía sea incierto.
No sé qué me espera en esta nueva etapa, lo único que sé es que llevo demasiados años invitando a las Mujeres a confiar en su intuición como para no escuchar ahora la mía.
Y quizá, mientras lees estas palabras, la vida también te esté invitando/empujando a dar el tuyo.
Así que yo voy.
Con miedo.
Ilusión.
Y mucho respeto.
Porque hay Mujeres esperándome y quizá tú seas una de ellas.
Con Amor,
Rous.