15/05/2024
CHAQUEÑO SOY DESDE QUE NACI LE CANTO A LA PROVINCIA MAS LINDA DEL MUNDO Y DEJARE MIS HUESOS EN ESTA BENDITA TIERRA DE ALGARROBOO Y ALGODON
Chaco se llama el lugar donde nací.
En mis venas corre la sangre como así el viento norte rebelde.
Chaco se llama el lugar que elegí vivir, donde el canto de las chicharras me trazan un mapa de veranos.
Si me abrieran el pecho, el corazón está rosado como los lapachos en flor y la estructura que sostiene mi cuerpo es de algarrobo y quebracho.
Yo no le tengo miedo a la sequía ni a los problemas, pero sí le temo al olvido. Ese olvido de mis comprovincianos que cada día hacen más grande la distancia entre las raíces de los pueblos. Entre el lugar de donde uno es y los valores. Pareciera que quisieran cambiar su estirpe. Como si eso se pudiera cambiar. ¡La pucha!
Siento pena por los que viven apurados sin saber contemplar el cielo un instante. Yo aprendí a descifrar el secreto de las nubes cosechando algodón. Y si me miro las manos, todavía siento en mis recuerdos cómo hinca la perilla como un punzón abriendo la piel entre buenos y malos recuerdos.
Dicen que los tiempos de antes eran los mejores, cuando era pobre y me conformaba con poco. Hoy tengo tantas cosas materiales que me mareo entre objetos que seguramente mañana los dejaré de usar.
Miro atrás y hay patios vacíos. Recuerdos de aquel tiempo perdido en el horizonte donde una garza cruza ágilmente volando hacia algún lugar. Recuerdos de aquel tiempo en el que no sabíamos casi nada, pero lo intuíamos casi todo apenas salía el sol; cuando eramos nosotros los que teníamos que hacer todo a mano. Y no como ahora, tiempo medio raro, en el que todo nos llega con sólo apretar un botón.
Si me preguntan por mi acento, digo que es chaqueño, casi emocionándome en la distancia. Porque sí, algunos partimos lejos para buscar algo mejor.
La única palabra que se decir es "chamigo". Porque aprendí de mis ancestros esta unión sagrada del "che" y el "amigo". Y así lo ando guardando en mis bolsillos, para tocarlo siempre y sentir que estoy vivo. Que no me olvidé de mi tierra ni de su gente.
A veces la cosa se pone tan rara o difícil, que algunas veces lloré por no saber qué hacer. Me llené de problemas como cualquiera, y me estresé de tantas preocupaciones. Pero por las noches cerraba mis ojos y elevaba un sapucai arisco, a ver si espanto a la mala suerte.
Yo le peleo a lo que sea y si me van a ganar, será porque hice de todo y no porque me quedé sin hacer nada. Los chaqueños somos férreos. Algunos nos dirán duros de entendimiento. Pero no saben lo que es domarle al paisaje y al clima y a todas las adversidades. Ser de rincones pequeños, donde se olvidan los políticos que dicen representarnos y sólo aparecen cuando quieren votos.
Un día me dijeron dónde guardas tus recuerdos, y yo dije que en un horno de barro. Se rieron, más no entendieron que ése es el mejor lugar para conservar siempre cálido el abrazo y la mano tendida, y la sonrisa de los familiares que he perdido.
Porque seremos medio reservados, pero alma gaucha siempre tenemos. Gaucha de "gauchada", que es ser gentil, amable, empático y estar listo para ayudar en lo que sea.
Yo no sé qué se traiga este año entre sus manos, pero a Dios le pido que bendiga al Chaco, siempre.
Hoy tengo todo, no me falta nada. Pero a otros sí. Y ojalá nunca se me endurezca el corazón para dar una mano, porque entonces he desprestigiado la esencia de mi tierra.
Yo sólo quiero que valoren este pedazo bendito de tierra. Quisiera que cada uno que estuviera leyendo esto, se le adentrara algo valioso en medio del corazón. Y con eso me conformo.
Que no se olviden de este rinconcito con sus pueblos hermosos, porque si olvidamos, entonces ¿qué tendremos?. Sería una calamidad, una pena muy grande.
Nunca busquemos ser lo que no somos. Porque los pies siguen calzando una alpargata invisible vieja y rota. Y andamos con la casa llena de tierra cuando sopla ese viento tan característico.
Aunque estemos a mil kilómetros, de vez en cuando abrimos una ventana esperando que pase un torbellino para recordarnos que somos del Chaco. Y hasta casi que con gusto quitaríamos el polvo de los muebles y el piso. Porque cuando se extraña el pago, se extraña hasta lo más insignificante. Yo eso lo aprendí a valorar.
La inmesidad de esta provincia pujante me pertenece y yo pertenezco a ella. Somos dos mitades perfectas.
Sé que se fueron muchos para siempre, pero otros nuevos nacerán. Y así este ciclo sagrado de la vida seguirá en pie.
No, Chaco no es para cualquiera. El que se queda acá, se vuelve árbol del monte. Siempre verde en tiempos difíciles.
Desearía que mamá regresara, y tomáramos mates hasta el cansancio bajo los árboles. Pero mamá está en el cielo y desde allí ha de ver este pedacito de tierra que sigue creciendo y que en mi corazón sigue como siempre el amor por esta tierra.
Viva el Chaco, chamigo!! Viva para siempre.