15/05/2021
"Hay tanta soledad en ese oro"
Jorge Luis Borges
En la llanura inconmensurable de la noche, el desierto inextenso de una mirada anclada en su misterio, puede descubrir la luna.
Icono de todo espejo, madre de oceánica nostalgia, es la Luna de su Luz cautiva, embelesada… la Virgen encinta del Oro.
Felices los que saben reposar la mirada en su candor de niña que solo sabe alumbrar, ingrávida en el alto cielo de la soledad, al Escondido. A esa Palabra de Luz que lo sostiene todo y puede ser leída en una historia sin fin…
“La Palabra de Dios, querido Werner, es mucho más que la Biblia. Es la Revelación interminable. Y no porque no nos lo haya dicho ya todo en su Hijo Crucificado, sino porque no puede callar, no puede frenar su expresividad.
¿Qué crees, si no, que mantiene unidas todas las cosas del orbe? ¿Cuál crees que sea, si no, el secreto hilo dorado que mantiene atados todos los pétalos de un rosal en su rosa, o mantiene unidas todas las estrellas de la Osa Mayor? ¿O las plumas del colibrí? ¿No es sorprendente que todo esté tan bien e invisiblemente unido en el cosmos entero? Sin discontinuidades, sin interrupciones, sin vacíos o agujeros… “Eso” misterioso, que lo amalgama todo en la unidad es el Logos eterno diciendo “te amo”. Si dejara por un solo instante de decirlo, el mundo entero se disgregaría en mil pedazos inconexos, como se rompe y hace añicos un jarrón al caer de lo alto. Sólo su amorosa Palabra solventa todo cuanto existe…”
Hans am Ende. Cinco Cartas de Oración. Carta IV