25/09/2025
Ser profe de danzas folklóricas
El profe de danzas folklóricas no entra por la puerta grande. Entra por donde haya lugar. A veces por el costado, a veces por atrás... pero entra, y deja huella.
No tiene aguinaldo, ni obra social, ni fines de semana. Tiene ensayos, viajes, y sueños en los que cree incluso cuando le dicen que no valen nada.
Muchas veces resigna el pago por el aplauso. Cambia el bolsillo por la emoción. Aprende la pedagogía del aula rural, del club, de la plaza, de la parroquia... Porque si no sabe llegar al alma de sus alumnos, no hay danza que valga.
Duerme en el piso, come cuando se puede, y celebra como si fuera suya cada victoria de su grupo.
No solo enseña a zapatear, también abraza, contiene, escucha, aconseja. Es profe, pero también hermano, madre, chofer, costurero, electricista y psicólogo.
El profe de danzas folklóricas muchas veces es visto como un adorno, como el que “hace lo típico”. Y sí, hacemos lo típico...
Típico que estemos siempre, aunque no nos nombren.
Típico que pongamos todo, aunque no haya nada.
Típico que llevemos la patria en los pies y la emoción en los ojos.
Somos:
1. Los que salvamos los actos escolares más de una vez, prestando alumnos, música y hasta pañuelos.
2. Los que colaboramos con escuelas, liceos, parroquias, centros de barrio, hospitales y donde se necesite.
3. Los que bailamos en festivales para "los famosos", sin camerino, sin comida y sin nombre en el cartel.
4. Los que hacemos eventos culturales sin presupuesto, pero con todo el corazón.
Porque el folklore no es pasado. Es presente. Es resistencia. Es comunidad.
Feliz que exista quienes mantienen viva la cultura popular con el cuerpo, el alma y el corazón.
Feliz de que haya profes de danzas folklóricas, compañeros de sueños y de caminos.
NARDO FURTADO