19/11/2021
“Estaban de civil, sin chalecos, sin chapas, sin uniformes y sin identificación… A Lucas lo acribillaron. Anoche, un cuerpo de la Brigada de la Policía de la Ciudad le dijo a mi mujer que estaban “completamente arrepentidos y avergonzados de lo que había pasado”, y que quedaban a disposición, como si no hubieran sido ellos mismos quienes me lo devolvieron así. Esto pasa porque es un pibito que le gusta andar bien vestido, usar viserita y zapatillas, porque estamos marginados, porque somos humildes y piensan que somos basura, que somos una mierda” (Mario González, papá de Lucas, para la Garganta Poderosa).
A Lucas lo mató el gatillo fácil. Esa deuda de la democracia que cada día se lleva la vida de un pibe o una piba. Esa deuda que solo se va a reparar con una sistemática reestructuración de las fuerzas de seguridad en la que debe participar la voluntad popular. Porque no es un policía, ni son tres. Es un sistema completo.
Mientras algunxs tenemos un n**o en la garganta de bronca y dolor, mientras algunxs vemos en los ojos de Lucas a todxs esxs pibes que en los barrios abrazmos y comparten con nosotrxs un mate, una charla y un taller, otrxs festejan.
En el gatillo fácil el que dispara es el estado, pero dispara al blanco que define la sociedad con sus prejuicios: porque los mu***os los pone el pueblo, los barrios populares y las madres que parieron hijxs con sangre originaria y piel marrón.
Los discursos de odio no son gratuitos, y hoy tienen nombre propio.
¡Justicia por Lucas!
¡Nunca más!