18/02/2026
🌿 Declaración conceptual — Versión profundamente personal
Creo imágenes para escuchar lo que la tierra murmura. Mi práctica nace del contacto con los territorios, de los gestos rituales que abren espacio a lo invisible y de una sensibilidad que entiende al arte como una forma de cuidado. Durante años trabajé con la materia viva —ramas, agua, barro, viento— y descubrí que cada elemento guarda un lenguaje propio. Hoy, esa búsqueda se expande hacia el plano digital.
La inteligencia artificial no reemplaza mi vínculo con la naturaleza: lo amplifica. La uso como un territorio donde puedo sembrar mis preguntas. Mis prompts son semillas, pequeñas invocaciones que deposito en un suelo algorítmico para ver qué mundos pueden brotar. Lo que emerge no es un producto automático, sino un diálogo entre mi imaginario y la lógica de la máquina, una conversación que a veces sorprende, a veces inquieta y siempre me invita a mirar distinto.
Trabajo desde una estética folk-pop ambiental, donde conviven la nostalgia campestre, la espiritualidad cotidiana y la vibración de lo ancestral. En mis imágenes digitales aparecen símbolos que reconozco como propios: figuras que parecen haber sido soñadas por la tierra, paisajes que existen en un tiempo paralelo, rituales que podrían haber ocurrido o estar por ocurrir.
No busco representar la naturaleza, sino evocar su espíritu. No busco ilustrar rituales, sino activar su potencia. No busco imitar lo real, sino abrir portales hacia lo posible.
Mi obra es un puente entre mundos: lo orgánico y lo sintético, lo íntimo y lo colectivo, lo que se toca con las manos y lo que se imagina con los datos. Creo imágenes para recordar que seguimos siendo parte de una trama más grande, incluso cuando trabajamos desde pantallas y algoritmos. Creo para honrar la vida, en todas sus formas.