Por (R. N. Albarracín)
Primer estreno del año, una versión de Hamlet de William Shakespeare por María José Sharry levanto el telón en la sala mayor de la Casa de la Cultura el 3 de marzo. Texto canónico como la obra toda del célebre -y misterioso- William Shakespeare, cuya identidad y estilo llenan bibliotecas. La tragedia está basada en una saga medieval danesa, y estrenada en el siglo 16.
Veamos. El elenco esta limitado aquí a los personajes clave de la tragedia: Hamlet, Ofelia (eje aquí del conflicto), Claudio, Gertrudis y Laertes. La adaptación sigue fielmente la traza original, aunque su desenlace sea diverso. Decisión que no pondremos en duda, para ir a otros aspectos.
Se nos impone, en primer termino, una puesta cuidada, con una austeridad que no excluye la calidad visual (en algún punto protagónico) de una escenografía e iluminación espléndida de veras, y un dispositivo escénico sobrio, geométrico. El vestuario, de acuerdo a tal criterio.
El elenco, Ernesto Carenzo. Sofía Susan, Matías Carranza, María Beatriz Toia y Jorge Sharry, en orden de aparición como antes decíamos, salva con dignidad sus roles, con especial lucimiento de los jóvenes, acaso los mas expuestos. No es poco decir, creemos, por el grado de expectativa que la puesta implica.
Volviendo al Hamlet original, ha sido objeto de incontables versiones en todo el mundo, entre las que citaremos dos, por un factor novedoso. A fines del siglo 19, por la mítica Sarah Bernhardt en Paris, y a inicios del siglo 20, en Buenos Aires, por la itálica Jacinta Pezzana. Ambas, recordemos en el rol del Príncipe danés. Y si de osadías hablamos, en Buenos Aires también, hacia el 80, una versión controversial, la de Ricardo Bartis, titulada “Hamlet o la guerra de los teatros”.
Ya en el cine, vimos y debe verse, la versión de Laurence Olivier, de 1948, ajustada en todo al original. Y en la década del 80, dos versiones más, por Kenneth Branagh y por Mel Gibson.
En cuanto a audacias juveniles, ya como dato anecdótico de la escena local, no dejare de citar un Shakespeare “perpetrado” en 1969, una versión humorística y musical de Macbeth; donde, información ya histórica, asomaba el nombre del adolescente Jorge Sharry, el Claudio de esta versión.
Volviendo a esta “Ofelia”, citemos también la música, atractiva de Juan Cruz Fernández, con arreglos y producción musical de Adrián Charras.
La ambientación de la sala, original y adecuada, es obra de la profesora Silvina Morris. Y como acierto particular de la adaptación citare el emblemático monologo del Príncipe, en boca de cuatro de los personajes clave.
En tren de hallar una objeción, me animare a una y de concepto; es muy posible que la elipsis -a todas luces necesaria, sí- haya sacrificado en parte lo inteligible del relato, en especial para un público no teatral, o no iniciado en la obra del poeta inglés. Creemos que es un riesgo que asumió María José Sharry, y que no invalida su labor (R. N. Albarracín)