10/08/2024
¡De Racing hasta la muerte!
¡En el este y el oeste
en el norte y en el sur
brilla la blanca y celeste
la Academia Racing Club!
“Canción de hinchada”
Autor anónimo
Hace unos años que tengo un hobby y una hipótesis.
El hobby es buscar hinchas de Racing Club de Avellaneda en los cementerios y sacarle fotos.
La hipótesis es que en cada cementerio de la Argentina hay al menos un hincha de Racing con el escudo de la Academia en su tumba.
Y para demostrar mi hipótesis, recorro cementerios de pueblos chicos. Y la demostración empírica me está avalando. Hinchas de Racing en pueblos como Los Antiguos en Santa Cruz, Alpa Corral en Córdoba, Colonia Pellegrini en Corrientes, Saldungaray y Chascomús en Buenos Aires, son la prueba viva, valga el oxímoron, de lo acertado de mi teoría.
La demostración teórica es también contundente. Según un estudio de Proyección Consultores, el 4,8 % de la población argentina simpatiza con Racing. Además, cuando estudia la distribución geográfica, concluye que en ninguna zona del país el porcentaje de simpatizantes de la Academia baja del 3 %. Esto implica que en términos generales, en cualquier cementerio donde hayan más de 33 tumbas, una es de un simpatizante de Racing.
Claro que esto no implica que cada una de esas tumbas tenga un escudo de Racing. En mis visitas necrológicas pude constatar que son escasas las tumbas con identificación futbolística o de otro tipo de afición o gusto del mu**to. Hay excepciones , por supuesto. Recuerdo la tumba de un famoso fotógrafo en el Cementerio Pere Lachaise de París que tiene una cámara de fotos gigante en su tumba. O el cementerio de Carlos Pellegrini en la provincia de Corrientes, donde el color de la tumba expresa la simpatía política de los difuntos. Pero en su gran mayoría los mensajes y símbolos que vemos en la arquitectura funeraria, tienen que ver con los sentimientos que los familiares y amigos quieren inmortalizar en el sitio donde descansan eternamente sus seres queridos. Y aquí viene la segunda parte de mi tesis que indica que la de Racing es una hinchada diferente.
Y ojo, que digo diferente, ni mejor ni peor que cualquier otra hinchada del fútbol argentino.
Odio en todos los ámbitos ese patriotismo estúpido de creer que uno está siempre en el mejor grupo y que todos los demás grupos están formados por estúpidos, malos, inútiles o vagos.
Frases “Estoy cansado de que los de la oficina A tengamos que hacer todo el trabajo de los vagos de la oficina B”; “ En el Barrio La Calandría son todos chorros que viene a robarnos a nuestro honesto barrio El Jilguero”; “La clase media es el motor del país, es proba y trabajadora y mantiene a los vagos villeros” o “La nuestra es la mejor hinchada, la que tiene aguante”son de una debilidad intelectual tan grande que me provocan una urticaria cerebral aguda. Y más si la frase me pone del lado de los buenos.
Retomando el hilo, quería demostrar que la de Racing es una hinchada diferente. Y es diferente, porque los simpatizantes de más de cincuenta años, que son más propensos a morirse que los menores de cincuenta, han tenido que soportar múltiples decepciones que han puesto a prueba la fortaleza de sus convicciones racinguistas.
Después de la obtención de la Copa del Mundo en 1967, Racing entró en una debacle futbolística e institucional de proporciones catastróficas. Hay quienes atribuyen esta caída libre a una maldición que su clásico rival barrial Independiente le produjo a Racing, enterrando furtivamente siete gatos negros en el campo de juego. Dice la leyenda que un técnico mandó desenterrarlos y reemplazarlos por sapos, pero sólo encontraron seis gatos. También se cuenta que esta maldición terminó en el 2001 , con la obtención de un campeonato local después de treinta y cinco años, gracias al exorcismo que protagonizó un cura hincha de Racing y a haber encontrado el séptimo gato negro.
La debacle de esos treinta y cinco años incluyó descenso, quiebra, alquiler del equipo, alquiler del estadio para venta de papas, compra de jugadores con una pata más corta que la otra y principalmente, la sequía de títulos por treinta y cinco años, salvo la desaparecida y raquítica Supercopa Sudamericana obtenida en 1988.
Los hinchas que soportaron esos años , sin perder su amor por la celeste y blanca, más los nuevos simpatizantes, que se sumaron a la tropa sin tener ningún tipo de incentivo ni perspectiva de tiempos más felices, sumado a que el club venía , previo a 1967 de un pasado de gloria, triunfos y alegrías, conformaron un tipo de ser racinguista que nos distingue del resto de las hinchadas. Se configuró una idiosincrasia académica firme, atrevida, insistente, sacrificada. Repito, ni mejor ni peor, distinta.
Esta idiosincrasia hace que quien estuvo al lado del racinguista toda su vida, lo reconozca antes por hincha racinguista que como marido ejemplar, padre abnegado, amigo solidario, primo generoso, vecino participativo, plomero destacado o mafioso simpático. Y entonces, cuando el arquitecto funerario pregunta a la familia qué detalle quiere ponerle a la última morada del fanático académico, nadie duda en pedir que el glorioso escudo de Racing esté en un lugar privilegiado.
Es que la fidelidad y el amor a la camiseta son eternos, y en el caso de los hinchas de Racing, doblemente eternos. Como dice Sandoval, el personaje de Francella en el Secreto de sus ojos, después de preguntarle por jugadores históricos a un hincha de Racing: “Hay una cosa que (una persona) no puede cambiar Benjamín, no puede cambiar de pasión”.
Y ya que hablamos de El Secreto de Sus Ojos, el autor de la novela “ La Pregunta de sus ojos” en que está basada la película, Eduardo Sacheri es un reconocido hincha de Independiente. Cuando escribió la novela imaginó al villano de la historia como hincha de su equipo archienemigo Racing. Sin querer, creo yo, le dio un protagonismo fundamental a la Academia. La escena del partido Huracán Racing , donde encuentran al villano, es una de las más logradas del cine argentino.
Y ya que hablamos de escritores, una frase de Fontanarrosa referida a nuestros hermanos menores, la Academia de Rosario: “Creo que si no se entiende que esto es una pasión, y las pasiones son bastantes inexplicables, no se entiende nada de lo que pasa en el fútbol”.
Si no fuera que quisiera que al morirme me cremen, no dudo que mi tumba tendría el escudo de Racing. Eso sí, si se respeta mi última voluntad mis cenizas estarán esparcidas en el Cilindro Mágico de Avellaneda.
Luis Gotfryd
Agosto de 2024