Luis, literalmente

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"Supérele, el Justo Cero" creció y se convirtió en "Luis, literalmente", la página donde yo, Luis Gotfryd publicaré mis creaciones literarias. ¡Gracias Supérele!

30/12/2024

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UruguayUruguay y mis vacaciones soñadasUruguay y mi primer corazón rotoUruguay y unos ojos de almendraUruguay murgas en ...
25/08/2024

Uruguay

Uruguay y mis vacaciones soñadas
Uruguay y mi primer corazón roto
Uruguay y unos ojos de almendra
Uruguay murgas en el Parque Rodó

uruguayo como el perro de tres patas del Pepe
uruguayo como la yerba Canaria
uruguayear tomando mate en bicicleta
uruguayear llamando mar al río sucio

Uruguay bailando en el Country Club
Uruguay escuchando a Jaime Roos
uruguayos dónde fueron a parar
Uruguay sorprendiéndome cada día con un nuevo artista

uruguayear visitando a la familia
uruguayear jugando al voley en el Club Las Toscas
Uruguay y una poesía de Benedetti
Uruguay y gracias por el fuego
Uruguay y Galeano describiendo el in****no con poesía
Uruguay patas para arriba

uruguayo como futbolista con garra
uruguaya como arena que no raspa
uruguayear comiendo un chivito en La Pasiva
uruguayear subiendo al cerro en Piriápolis

Uruguay refugio de argentinos garcas
Uruguay y la ostentación de Punta del Este
Uruguay y la miseria del cantegril
Uruguay tan Latinoamérica que duele
uruguayo la patria o la tumba

Uruguay cantando a Zitarrosa
Uruguay ¡Ay mi país!
Uruguay aplaudiendo a Los Olima
Uruguay y la niña de Guatemala
uruguayo como bosque de pinos
uruguaya como papelera gigante
uruguayeando con el puente cortado
uruguayeando preparados para una guerrita absurda

Uruguay y la esperanza del Frente Amplio
Uruguay y la esperanza al poder
Uruguay y mis amigos de verano
Uruguay y el regalo de los n***s en el brazo de mi tio

uruguayo como aplauso al atardecer en la playa
uruguayo como el cielo explotado de estrellas

Uruguay el campeón mundial más chico de la historia
Uruguay y demasiado fútbol en tu gente, me parece
uruguayo uruguayo cantando en el Cilindro
uruguayo como gambeta de Rubén Paz

uruguayo libertad o con gloria morir
uruguayo sabremos cumplir
Uruguay qué no ni no
Uruguay el único país en que viviría
si no disfrutara tanto sufrir en Argentina

Luis Gotfryd
Agosto de 2024

¡De Racing hasta la muerte! ¡En el este y el oeste en el norte y en el sur brilla la blanca y celeste la Academia Racing...
10/08/2024

¡De Racing hasta la muerte!

¡En el este y el oeste
en el norte y en el sur
brilla la blanca y celeste
la Academia Racing Club!
“Canción de hinchada”
Autor anónimo

Hace unos años que tengo un hobby y una hipótesis.

El hobby es buscar hinchas de Racing Club de Avellaneda en los cementerios y sacarle fotos.
La hipótesis es que en cada cementerio de la Argentina hay al menos un hincha de Racing con el escudo de la Academia en su tumba.
Y para demostrar mi hipótesis, recorro cementerios de pueblos chicos. Y la demostración empírica me está avalando. Hinchas de Racing en pueblos como Los Antiguos en Santa Cruz, Alpa Corral en Córdoba, Colonia Pellegrini en Corrientes, Saldungaray y Chascomús en Buenos Aires, son la prueba viva, valga el oxímoron, de lo acertado de mi teoría.
La demostración teórica es también contundente. Según un estudio de Proyección Consultores, el 4,8 % de la población argentina simpatiza con Racing. Además, cuando estudia la distribución geográfica, concluye que en ninguna zona del país el porcentaje de simpatizantes de la Academia baja del 3 %. Esto implica que en términos generales, en cualquier cementerio donde hayan más de 33 tumbas, una es de un simpatizante de Racing.
Claro que esto no implica que cada una de esas tumbas tenga un escudo de Racing. En mis visitas necrológicas pude constatar que son escasas las tumbas con identificación futbolística o de otro tipo de afición o gusto del mu**to. Hay excepciones , por supuesto. Recuerdo la tumba de un famoso fotógrafo en el Cementerio Pere Lachaise de París que tiene una cámara de fotos gigante en su tumba. O el cementerio de Carlos Pellegrini en la provincia de Corrientes, donde el color de la tumba expresa la simpatía política de los difuntos. Pero en su gran mayoría los mensajes y símbolos que vemos en la arquitectura funeraria, tienen que ver con los sentimientos que los familiares y amigos quieren inmortalizar en el sitio donde descansan eternamente sus seres queridos. Y aquí viene la segunda parte de mi tesis que indica que la de Racing es una hinchada diferente.
Y ojo, que digo diferente, ni mejor ni peor que cualquier otra hinchada del fútbol argentino.
Odio en todos los ámbitos ese patriotismo estúpido de creer que uno está siempre en el mejor grupo y que todos los demás grupos están formados por estúpidos, malos, inútiles o vagos.
Frases “Estoy cansado de que los de la oficina A tengamos que hacer todo el trabajo de los vagos de la oficina B”; “ En el Barrio La Calandría son todos chorros que viene a robarnos a nuestro honesto barrio El Jilguero”; “La clase media es el motor del país, es proba y trabajadora y mantiene a los vagos villeros” o “La nuestra es la mejor hinchada, la que tiene aguante”son de una debilidad intelectual tan grande que me provocan una urticaria cerebral aguda. Y más si la frase me pone del lado de los buenos.
Retomando el hilo, quería demostrar que la de Racing es una hinchada diferente. Y es diferente, porque los simpatizantes de más de cincuenta años, que son más propensos a morirse que los menores de cincuenta, han tenido que soportar múltiples decepciones que han puesto a prueba la fortaleza de sus convicciones racinguistas.
Después de la obtención de la Copa del Mundo en 1967, Racing entró en una debacle futbolística e institucional de proporciones catastróficas. Hay quienes atribuyen esta caída libre a una maldición que su clásico rival barrial Independiente le produjo a Racing, enterrando furtivamente siete gatos negros en el campo de juego. Dice la leyenda que un técnico mandó desenterrarlos y reemplazarlos por sapos, pero sólo encontraron seis gatos. También se cuenta que esta maldición terminó en el 2001 , con la obtención de un campeonato local después de treinta y cinco años, gracias al exorcismo que protagonizó un cura hincha de Racing y a haber encontrado el séptimo gato negro.
La debacle de esos treinta y cinco años incluyó descenso, quiebra, alquiler del equipo, alquiler del estadio para venta de papas, compra de jugadores con una pata más corta que la otra y principalmente, la sequía de títulos por treinta y cinco años, salvo la desaparecida y raquítica Supercopa Sudamericana obtenida en 1988.
Los hinchas que soportaron esos años , sin perder su amor por la celeste y blanca, más los nuevos simpatizantes, que se sumaron a la tropa sin tener ningún tipo de incentivo ni perspectiva de tiempos más felices, sumado a que el club venía , previo a 1967 de un pasado de gloria, triunfos y alegrías, conformaron un tipo de ser racinguista que nos distingue del resto de las hinchadas. Se configuró una idiosincrasia académica firme, atrevida, insistente, sacrificada. Repito, ni mejor ni peor, distinta.
Esta idiosincrasia hace que quien estuvo al lado del racinguista toda su vida, lo reconozca antes por hincha racinguista que como marido ejemplar, padre abnegado, amigo solidario, primo generoso, vecino participativo, plomero destacado o mafioso simpático. Y entonces, cuando el arquitecto funerario pregunta a la familia qué detalle quiere ponerle a la última morada del fanático académico, nadie duda en pedir que el glorioso escudo de Racing esté en un lugar privilegiado.
Es que la fidelidad y el amor a la camiseta son eternos, y en el caso de los hinchas de Racing, doblemente eternos. Como dice Sandoval, el personaje de Francella en el Secreto de sus ojos, después de preguntarle por jugadores históricos a un hincha de Racing: “Hay una cosa que (una persona) no puede cambiar Benjamín, no puede cambiar de pasión”.
Y ya que hablamos de El Secreto de Sus Ojos, el autor de la novela “ La Pregunta de sus ojos” en que está basada la película, Eduardo Sacheri es un reconocido hincha de Independiente. Cuando escribió la novela imaginó al villano de la historia como hincha de su equipo archienemigo Racing. Sin querer, creo yo, le dio un protagonismo fundamental a la Academia. La escena del partido Huracán Racing , donde encuentran al villano, es una de las más logradas del cine argentino.
Y ya que hablamos de escritores, una frase de Fontanarrosa referida a nuestros hermanos menores, la Academia de Rosario: “Creo que si no se entiende que esto es una pasión, y las pasiones son bastantes inexplicables, no se entiende nada de lo que pasa en el fútbol”.

Si no fuera que quisiera que al morirme me cremen, no dudo que mi tumba tendría el escudo de Racing. Eso sí, si se respeta mi última voluntad mis cenizas estarán esparcidas en el Cilindro Mágico de Avellaneda.

Luis Gotfryd
Agosto de 2024

02/08/2024

Rafael, Julio, Bruno, el pueblo los abraza

Hay temas que hoy no son políticamente correctos. Lo eran hace algún tiempo. Pero hoy hablar de diversidad, de igualdad, de justicia social o de derechos humanos es mal visto. En cambio hablar de libertad a los genocidas, de casta, del odio a los diferentes está de moda.
Pero lo bueno de hablar de un tema que no sea políticamente correcto es que ese tema se habla desde la convicción y no desde ningún “debe ser”.
Hablar hoy de personas que lucharon por la defensa de los derechos humanos, desde lo más cercano y natural, buscando a sus hijos desaparecidos, puede ser visto por el sentido común dominante como un exabrupto comunista.
Un recuerdo fugaz, me trajo al presente la historia de los Padres de Plaza de Mayo. El porqué fueron las madres y las abuelas las que encabezaron la lucha por la aparición con vida de los hijos e hijas y no los padres y los abuelos será o habrá sido motivo de estudio de historiadores y sociólogos. Creo haber leído como una explicación posible, que los hombres tenían que seguir asegurando la subsistencia, y no podían arriesgarse a perder sus trabajos. Eran otros tiempos, en los que la participación de la mujer en el mercado laboral era muy baja. Yo me tiento a pensar que los varones somos más cobardes y que no nos hubiéramos animado a lo que se animaron las Madres y las Abuelas.
Sin embargo , hubo padres varones que acompañaron a las madres en su lucha. Se conocieron como los Padres de Plaza de Mayo en un documental de hace unos años.
Y quiso el azar, que en el transcurso de mi vida, y desde diferentes ámbitos, sin relación entre sí, me cruzara con tres de ellos.

Al primero que conocí fue a Rafael Beláustegui. Era el Presidente o algo así de la empresa Argencard, donde entré a trabajar en 1990. Además era uno de los dueños de la empresa. Antes de conocerlo personalmente, yo tenía todos los prejuicios sobre Rafael que un progre debía tener sobre un empresario. Además, no conocía nada sobre su historia. Un día, creo que era fin de año, hizo un brindis con todo el personal. Y el brindis fue un discurso político mesurado, esperanzador, y que en nada se diferenciaba de los discursos que podría haber escuchado en mi círculo político de ese entonces. Habló de justicia social, de democracia, de la defensa de la dignidad de la gente y de otras cosas que me sorprendieron y alegraron. En otros encuentros pude comprobar sus valores positivos. Años después, leyendo un libro que relataba historias trágicas sucedidas durante la dictadura, y del cual no recuerdo nombre, ni autor, conocí la historia de Rafael(sí recuerdo perfectamente a quien se lo presté y nunca me lo devolvió, qué raro como funciona la memoria). Ni él ni nadie había contado su tragedia. Casado joven con Matilde Herrera, tuvieron dos hijos y una hija. Rafael y Matilde se separaron y Rafael se fue a trabajar a Brasil. Estando en Brasil, sus tres hijos y sus respectivas parejas fueron secuestrados por patotas militares. Matilde llamó a Rafael y él volvió a buscarlos. En distintos testimonios Rafael cuenta las reuniones con militares y curas buscando una pista. Un militar le dijo que no pregunte más por uno de sus hijos, porque había emprendido un largo viaje. Un cura le pedía información y anotaba, Rafael estaba convencido que el cura quería sacarle información para atrapar a otros compañeros de sus hijos.
La hija y una nuera estaban embarazadas. Sus hijos nacieron en cautiverio y siguen sin conocer su identidad, de los seis desaparecidos no se supo más nada.

El segundo Padre de la Plaza que conocí fue Julio Morresi. En las épocas de conformación del FREPASO, Julio era el referente del Chacho Alvarez en Parque Patricios y yo militaba en el Partido Socialista del barrio. Conocí a un viejo amable, militante y luchador. Generosamente nos ofreció su local partidario para que desarrolláramos las actividades del partido Socialista en el barrio hasta que tuviéramos un local propio.
Julio estaba orgulloso de sus hijos: Norberto,militante secundario desaparecido en 1976 y Claudio, el habilidoso jugador que se lució en Huracán y en Vélez y ganó todo en River.
Julio recorrió al igual que Rafael, cielo y tierra, cuarteles, hospitales, juzgados e iglesias sin conseguir información de su hijo de 17 años. Coincidentemente con Rafael, cuenta que un monseñor le sacaba información para pasarsela a los milicos.
En 1989 fue encontrado el cuerpo de su hijo enterrado como NN en el cementerio de General Villegas. Supo que su hijo fue atado de manos a la espalda y fusilado de seis tiros en la cara. “Soy un privilegiado , pude identificar el cuerpo de mi hijo, verlo, darle sepultura”, dijo Julio en un reportaje.
En otro reportaje me dio una pista sobre el porqué no se organizaron los Padres de la Plaza. Contó que se juntaban con el objetivo de organizarse pero las reuniones fracasaban porque se peleaban por política y por fútbol.

El tercer Padre de la Plaza con el que me cruzó el destino fue Bruno Palermo. Mis hijas hicieron la primaria en la escuela Patricios que se encuentra en el medio del parque. Me interesó participar en la Cooperadora de la escuela. En la primera reunión que participé conocí a Bruno. Le pregunté a qué grado iban sus hijos. Me dijo que sus hijos habían terminado la escuela hacía algunos años, pero que él quería seguir ayudando al mantenimiento y al crecimiento de la escuela. Era un defensor fanático de la escuela pública. Siempre era el primero en ofrecerse para las distintas tareas que necesitaba la escuela. La participación de padres y madres era escasa y éramos pocos los voluntarios para las jornadas de arreglo, ferias del plato o para hacer trámites, que eran muchos y complicados.
Un año fui tesorero de la cooperadora. Bruno era el presidente. Un día hice un control de ingresos y egresos y faltaba mucha plata. Sólo yo tenía acceso a la caja, por lo cual, descartando que yo hubiera robado el dinero, la respuesta era que había perdido plata o faltaba un comprobante de gastos. Estuve unas semanas revisando cuentas, buscando comprobantes o un fajo de billetes mágico que saldara las cuentas. Pasadas esas semanas nos resignamos a que la diferencia no iba aparecer. Yo les dije a los miembros de la Cooperadora que yo iba a poner la plata porque era mi responsabilidad, pero que me dejaran traerla en un par de meses porque me era imposible pagar todo junto. Bruno dijo que de ninguna manera la Cooperadora podía tener una diferencia en las cuentas, y al día siguiente trajo toda la plata. En los meses siguientes intenté devolvérsela pero no me lo aceptó.
En los años que estuvimos juntos en la Escuela, jamás me habló de su historia. Algunos padres me contaron algo.
Bruno fue el padre de Norberto Hugo, de 21 años, que desapareció en la noche del 14 de octubre de 1975, a poco de obtener la baja del servicio militar obligatorio, en la Escuela de Caballería de Campo de Mayo. Los militares le dieron franco cerca de las 23 y nunca llegó a su casa de Parque Patricios. La esposa de Bruno se suicidó ocho años después. Bruno buscó a su hijo durante años. Los militares a los que visitó le ofrecían whisky y habanos, pero no le daban noticias de su hijo. En un juzgado le aconsejaron que dejara de buscarlo porque corría peligro.

Tres historias, tres tragedias que rozaron mi vida y me recuerdan siempre que la maldad está latente y que no tenemos nada asegurado si no luchamos por una sociedad justa.
Rafael, Julio y Bruno nos dejaron hace algunos años. Ojalá el consuelo de creer me diera el alivio de saber que encontraron a sus hijos.

Luis Gotfryd, agosto de 2024

28/06/2024

Quiroga y Alfredo

En casa nos gustaba mirar el programa de Osvaldo Quiroga por “ATC”, “La Televisión Pública” y todos los otros nombres que fue tomando lo que para mí será siempre “Canal 7”. El programa se llamaba “La Otra Trama”. En los principios, hace unos veinte años, el programa se llamaba “El Refugio de la Cultura” , un nombre más musical y auto explicativo del contenido del programa. Creo que por temas de propiedad del nombre, Quiroga tuvo que cambiarlo por “La Otra Trama”, que a mi me da más idea de programa de modas que de cultura.
Como su nombre inicial lo indica, el programa consistía en difundir las distintas manifestaciones del arte local e internacional. Principalmente veíamos reportajes a artistas de las más variadas actividades, actores y actrices de teatro, cine y televisión, escritores y escritoras de novelas, cuentos y poemas, pintores, escultores. Iban los artistas famosos y los desconocidos. Había una alta probabilidad de que el arte que difundía Quiroga fuera de calidad. Muchas obras de teatro y películas que vimos, muchos libros que leímos fueron gracias a lo que vimos en su programa.
Pero pensar en Quiroga me trae siempre a la memoria una anécdota personal. Me pasó en mi otra vida, cuando por dos años me tocó ser Jefe en una dependencia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Pocas veces fui jefe. No soy bueno para eso. Para ser jefe en la actividad privada, tenés que ponerte la camiseta de la empresa y a mí me daba más por ponerme la camiseta de los trabajadores que la de los accionistas . Cuando fui jefe en una dependencia pública, tenía la camiseta compartida ya que la “empresa” era el Gobierno y los “accionistas” eran los habitantes de la Ciudad.
La dependencia que yo coordinaba era la responsable de las relaciones del gobierno con las colectividades extranjeras en la Ciudad. Las múltiples corrientes inmigratorias que llegaron a nuestro país y particularmente a Buenos Aires, provocaron una multiculturalidad anárquica y colorida que es un sello distintivo de la ciudad. La dependencia a mi cargo trataba de facilitar a las colectividades exponer sus expresiones culturales. Bailes, vestimentas, comidas, historias de vida eran parte de la riqueza que las colectividades atesoran y que se van perdiendo, cuando con el paso del tiempo los descendientes de los primeros inmigrantes se integran al resto de la sociedad y dejan de interesarse en el resguardo del patrimonio de su colectividad.
La principal actividad de la “Coordinación del Programa de Colectividades” era la realización de la Feria de Colectividades de la Ciudad. Una gran fiesta donde los distintos grupos podían exhibir sus comidas, sus artesanías , su música, sus bailes. Hacía algunos años que la fiesta no se realizaba y mi primer desafío fue recuperar esa fiesta. Era algo que reclamaban las colectividades y que serviría para los objetivos de la Coordinación. El primer año logramos realizar dos ferias, una primera experiencia que salió medianamente bien en el viejo Centro Municipal de Exposiciones, un lugar cerrado y amplio . Esto nos animó al desafío mayor y ese mismo año nos largamos a realizar una feria gigante, al costado del Rosedal, con cientos de puestos de las colectividades y un escenario gigante por el que pasaron los mejores espectáculos de las colectividades. Los distintos números artísticos estaban unidos por un guión, lo cual le daba al espectáculo una impronta teatral. Y ese guión y la coordinación eran responsabilidad de uno de los empleados de la Coordinación. Se llamaba Alfredo y es el protagonista de la anécdota. Hace unos años y casualmente me enteré que se había mu**to. Había salido de gira, como le hubiera gustado decir a él. Era un artista, un productor teatral frustrado. No conocí toda su historia, pero era evidente que su vocación era ser productor artístico. Y dentro de mis escasos conocimientos del tema, a mí me parecía un buen productor artístico. Por las vueltas de la vida, terminó siendo un empleado de planta permanente del Gobierno de la Ciudad. Y encontró en la Coordinación de Colectividades la posibilidad de canalizar su vocación artística. Creo que aún si hubiera caído en la Dirección de Tesorería, hubiera encontrado la manera de producir un espectáculo.
Le gustaba hablar de cultura conmigo. Yo no soy ni fui un erudito, pero parece que comparado con jefes anteriores, para él yo asomaba un poco más la cabeza del pozo de la mediocridad. Una de las cosas que hablábamos era sobre el programa de Quiroga, y de algún artista que nos había conmovido a los dos.
El problema de Alfredo era que lo único que le interesaba era el éxito de los espectáculos. No entendía las limitaciones de la burocracia estatal y él avanzaba hacia sus objetivos sin importarle las dificultades que significaban respetar las reglas que tenía el gobierno para realizar sus funciones.
Al año siguiente, decidimos encarar una nueva fiesta. El objetivo era mejorar la fiesta del año anterior, para lo cual hicimos un presupuesto de gastos y pedimos los permisos correspondientes para así poder empezar las contrataciones necesarias para el espectáculo. Ya había ocurrido la tragedia de CroMagnon, y el gobierno estaba lento y en retirada. Pasaban los días y la autorización del presupuesto no llegaba. Se acercaba la fecha del evento y no podíamos avanzar con las contrataciones. Le pedí a Alfredo que no se comprometiera con ningún proveedor hasta no tener asegurado el presupuesto. Pero Alfredo, suponiendo que no iban a dar los tiempos si esperaba la resolución burocrática avanzó con los contactos con los proveedores y les aseguró que el evento se haría y los comprometió para que nos dieran sus servicios. Los proveedores reservaron la fecha. Yo no fui informado de nada.
Faltando diez días para el evento, la aprobación no llegó y decidí suspender la feria. Cuando se lo comuniqué a Alfredo, me dijo que era imposible suspenderlo porque él ya se había comprometido con los proveedores, y que aunque no se hiciera nos iban cobrar igual. Yo me puse como loco, diciéndole que era un irresponsable, que nadie iba a pagar nada porque yo no había firmado ningún contrato , que el reclamo del proveedor lo iba a tener que pagar él y que lo iba a rajar. La verdad es que yo sabía que le estaba diciendo cosas incumplibles. Ni él podía hacerse cargo de nada, no tenía un mango, vivía en una pocilga cerca del Mercado Spinetto, ni yo tenía las ganas y mucho menos el poder para echar a nadie.
Entonces pasó algo que no esperaba. Alfredo se puso a llorar. Yo no sabía qué hacer. Estaba realmente enojado con Alfredo y no quería aflojar.
—¿Se puede saber por qué llorás? — le dije mostrándole mi enojo.
—¡Yo te quiero mucho Luis! —me contestó moqueando y lagrimeando— ¡Nunca tuve un jefe que mirara el programa de Quiroga!
Alfredo, donde quieras que estés, te cuento que yo también te quiero, dentro de tu locura. A las ferias de colectividades, de las que vos fuiste el cerebro, fueron mis viejos. Y ellos estuvieron orgullosos de mí. Y eso te lo voy a agradecer siempre.
Lamento que algún burócrata pensó en ese momento que no valía la pena gastar en algo tan inútil como la Cultura. Así como lamento decirte que tu ex jefe ya no mira a Quiroga, porque los seres sensibles que nos gobiernan, no creen necesario programas de cultura en la tele.

Luis Gotfryd, junio de 2024

BarroEl tipo está tirado en la calle oscura. El barro le dificulta pararse. Intenta pararse y se resbala de cara al barr...
08/06/2024

Barro

El tipo está tirado en la calle oscura. El barro le dificulta pararse. Intenta pararse y se resbala de cara al barro. Se saca el barro de los ojos y ve un par de luces que se acercan rápidamente. Parece un auto a punto de pisarlo. Trata de esquivarlo pero sólo logra volver a caerse. El auto a punto de pisarlo resultan ser dos motos que pasan una a cada lado del tipo. Las motos frenan a unos metros y retornan hacia el tipo tirado. El tipo logra levantarse y se acerca a la vereda. junto a un contenedor de basura encuentra un palo. Toma el palo y se siente más seguro. Las dos motos vuelven a apuntarlo con sus luces amenazantes. El tipo escucha unas risas. De una de las casas sale una pareja abrazada. Las motos rugen como leones en celo, mientras se acercan nuevamente. La pareja se aprieta contra una pared. El deseo es más fuerte que el miedo. El tipo revolea el palo sin mucha puntería. En una moto, el brillo del filo de una navaja compite con el brillo de unos dientes. El tipo, con el palo en la mano, calcula su próxima jugada. Las motos vuelven a frenar y giran apuntando nuevamente hacia su presa. Una vecina salen con su termo y su mate. No quiere perderse el espectáculo gratuito. Una sirena se acerca peligrosamente. Las motos se esconden bajo la sombra de un paraíso. La sirena elige alejarse esquivando el peligro. Las motos envalentonadas aceleran hacia la presa. La pareja intercambia fluidos ignorando la escena. La vecina chupa fervorosamente la bombilla, extrayendo hasta la última gota de infusión. El tipo se planta firme en sus pies y muestra amenazante el palo. Un perro se cuela en la escena, ladrando a las motos rugientes. Una moto intenta pisar al perro, pero falla y cae al piso. La moto por un instante atrapa a su dueño. El perro aprovecha y ataca los tobillos del león caído. La moto con la navaja afilada y los dientes brillantes ataca al perro. La navaja penetra en el lomo del perro, pero el can puede,con sus últimas fuerzas, morder la yugular del atacante. El tipo con el palo aprovecha para acercarse a los caídos y les brinda sendos palazos en las respectivas cabezas. La pareja abandona su besuqueo y descubren a su perro herido. La vecina sin dejar de tomar mate, pega un grito de aprobación a los palazos. Las motos escupen insultos al perro y al tipo del palo. La pareja se acerca a la escena y patea a las motos. El perro da su último ladrido, triste, resignado. Esta vez la sirena se atreve a acercarse. Dos policías apuntan a los caídos con sus linternas. La pareja recoge lo que queda de su perro. La vecina le ofrece mate a los policías. El hombre suelta el palo y se sienta en el cordón. Los policías se llevan a los atacantes. La pareja llora. El tipo llora. La vecina toma mate.

Luis Gotfryd
Junio de 2024

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