07/04/2021
Desde chica cada vez que tenía que pintar algo en el colegio, en la facu o una pared, terminaba con las manos manchadas, porque por alguna razón las metía en lo que estaba haciendo, me resultaba más fácil meter la mano que el pincel. Claro que estaba mal visto. Terminar así "sucia" era sinónimo de desprolijidad, de algo que estaba mal hecho, con poca dedicación. Así que a medida que crecía y me encontraba con la pintura nuevamente me esforzaba por hacer todo prolijo y no hacer "desastres". Hace poco tiempo, pintando piezas de cerámica que tenía encargadas, sentí la necesidad de pintar con las manos, nada de pinceles. Disfruté como nunca y me generó un placer inmenso. Así descubrí que me había estado reprimiendo desde siempre para tener el visto bueno en lo que hacía. Lo que para algunos es un enchastre desprolijo para mí es un placer, es dónde me siento libre y me dejo ser.
Esta pieza fue la primera pintada con las manos, que terminaron bien llenas de pintura y yo bien llena de satisfacción y felicidad 💕
Un ejemplo de porque el arte es terapéutico, te lleva a pensamientos que no te hubieses imaginado antes ✨
Gracias 🙏🏼 lo encuentran ahí 💕