Instituto Teatral Marplatense - Item

Instituto Teatral Marplatense - Item Instituto formador de actores, directores y autores

20/10/2021

Carta de Eugenio Barba a su amigo Gregorio Amicuzi de Residui Teatro de Madrid que le ha pedido un video de tres minutos con un mensaje desde su “isla”: ¿Cuáles son hoy las palabras necesarias? ¿Cuál es el rol del teatro? ¿A cuál comunidad deseamos hablarle, darle coraje, sustentar?
Holstebro, 27 abril 2020
Querido Gregorio,
en este momento no tengo ningún mensaje para enviar ni logro encontrar palabras de coraje. Es tiempo de quedarse en silencio y dejar que la gestación prepare el futuro que exigirá de toda nuestra imprudencia, como Federico García Lorca llamaba “el grano de locura del poeta”. Me pregunto si no es saludable para el teatro que la pandemia marchite las plantas incapaces de sobrevivir. No debemos olvidar la historia de los actores con su tenaz lucha contra los prejuicios, el poder, el desprecio, la peste y sobre todo la miseria.
En Europa, los últimos setenta años sin guerras han creado hábitos extraños. Ha sido una época en la cual, por pura inercia y por compromisos políticos, el teatro oficial, o considerado como artísticamente válido, ha recibido la aprobación y subvenciones. Pero tú y yo pertenecemos a la cultura del Tercer Teatro, la de los grupos, la de los huérfanos en busca de antepasados, de desheredados que plantan raíces en el cielo. No tenemos nada en común con las categorías y las realidades de los teatro oficiales o experimentales.
Nos hemos habituado a mendigar, a fingir gratitud por las migajas recibidas y a creernos importantes para los otros. Sin embargo, sabemos bien que la verdadera y única fuerza del teatro es la salvaje necesidad de quien lo hace, y su obstinación por no dejarse domesticar.
Puede ser que la pandemia sea un regalo de los dioses y corresponda al trastorno que representó la fotografía para los pintores, y el cine para los teatreros al comienzo del siglo XX, con el consiguiente descubrimiento de inimaginables funciones y expresiones artísticas. Puede ser que la pandemia sea el presagio de una vuelta a la humildad, a la esencia y a la potencialidad interior de nuestro oficio.
Tengo una única certeza: el futuro del teatro no es la tecnología, lo es el encuentro de dos individuos heridos, solitarios, rebeldes. El abrazo de una energía activa y una energía receptiva.
Nadie nos ha obligado a elegir el teatro. Nosotros que nos sentimos urgidos de esta necesidad debemos arremangarnos y arar el jardín que nadie puede quitarnos. Aquí crece el gusano que nos carcome por dentro, el hambre de conocimiento, los fantasmas que nos susurran en la oreja, el deseo de vivir con rigor la ficción de ser libre, la capacidad de encontrar personas que sean estimuladas por nuestro hacer. Arar día tras día, fuera de las categorías aceptadas y los criterios reconocidos. Incluso si el teatro que hacemos es el grito de una bestia castrada o el gorgoteo del agarrotado.
Un fuerte abrazo y buen trabajo
Eugenio Barba.

16/10/2021

Mi vieja era una persona que regalaba alegría. Por eso no puedo entender porque me la paso lagrimeando a cada momento que ella viene a mis recuerdos. Sé que tuvo una vida difícil desde niña pero eso no hizo que ella perdiera esa forma de ser. Siempre dispuesta a las reuniones, a las fiestas, a las chanzas. En los días como hoy, yo me levantaba temprano y me iba a visitarla y tomar unos mates con ella y como casi siempre o le llevaba un regalo que se encargaba de comprar Alicia; mi mujer o se lo quedaba debiendo. Eso siempre fue lo de menos para ella. Su corazón era enorme. Y todos aquellos que llegaron a conocerla no me dejaran mentir. Me acuerdo una vez que fue al hospital y vino con una señora de Bahía Blanca que llego con el marido en grave estado y que habían trasladado al Interzonal y como no tenia donde quedarse ella le dio alojamiento hasta que se volvió a su ciudad. O esa otra vez que vino con un chico de Tucumán que estaba haciendo el servicio militar en Mar del Plata y después se hizo visita corriente los fines de semana y así era ella. Nunca pidió nada a cambio de lo que daba, lo que brindaba. Así era. En la mesa de su casa siempre había un plato mas para quien llegaba. Tuve la suerte de tener esa madre que me formo con ejemplos como esos. La extraño y hay días más que otros. Ella ya no está y ese contacto que me había quedado con ella que era el de ir todos los días a su casa a darle de comer a la perrita Pelusa, viejita ciega y sorda que la sobrevivio unos años ya se corto porque la Pelusa también partió hace unos meses. Hoy podría decirle tantas cosas como siempre lo hacía y terminaría peleando con la promesa de no volver más a verla (Hasta el día siguiente) como era nuestro juego, pero ella ya no está y ahora cuando la visito en el cementerio me quedo parado ahí sin poder decirle nada. Me quedo sin palabras…
¡Feliz día mamá!

08/09/2020
Feliz 2020
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Eramos tan bellos...Perdon... Eramos tan jovenes, digo...
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Jorge Ramirez Jar en Hay que apagar el fuego de Carlos Gorostiza.
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