19/04/2026
🌕 Mayo abre sus manos y deja caer dos lunas sobre la tierra.
No llegan haciendo ruido.
Llegan como llegan las verdades importantes: despacio, en silencio, tocando apenas lo que parecía dormido.
Una de ellas es La Luna del Origen y la Raíz.
Vieja como la memoria del barro.
Sabia como las arrugas de un árbol que vio inviernos, incendios, promesas y regresos.
Dicen los antiguos vientos que cuando esta luna asoma, los árboles retiran la savia de sus ramas y la esconden en lo profundo. No por miedo. No por derrota. Por inteligencia sagrada.
Saben que hay estaciones donde florecer sería desperdicio, y tiempos donde guardar fuerza es la forma más pura de amar la vida.
Así también el alma.
Hay lunas que no vienen a expandirte,
vienen a recogerte.
A pedirte que dejes caer hojas secas: nombres que ya no te nombran, amores sin raíz, culpas heredadas, vestidos que ya no abrigan el espíritu.
Porque perder no siempre es perder.
A veces es hacer espacio.
El tronco queda en pie.
Sereno.
Marcado por rayos, inviernos y abrazos.
Y cada cicatriz en su corteza no es ruina: es biografía.
Esta luna recuerda que la fortaleza no hace escándalo.
No necesita demostrar nada.
La verdadera fuerza suele parecer quietud.
También trae el llamado del origen.
No ese pasado maquillado por la nostalgia, sino el centro intacto que vive debajo de todo ruido.
La niña salvaje.
El fuego primero.
La voz que eras antes de pedir permiso para existir.
Y aunque el cielo la muestre pequeña, esta luna guarda siglos encendidos en su vientre.
Es semilla dormida.
Es brasita bajo la ceniza.
Es la promesa de algo que todavía no se ve, pero ya empezó.
Si en mayo sentís ganas de retirarte un poco, de callar, de elegir menos y sentir más… no te asustes.
No siempre el alma necesita fiesta.
A veces necesita raíz.
Honrá lo que permanece.
Bendecí lo que se fue.
Y confiá en esto:
en el silencio del invierno,
la tierra no está vacía…
está trabajando.
Carol Kelly
Esencia Sahira Terapias holisticas.