11/09/2026
Entre las múltiples expresiones culturales e identitarias de América Latina sobresale su arquitectura, devenida de concepciones constructivas y materiales ancestrales aunados en una eficiente adaptación socioambiental.
El adobe, la tierra apisonada, las maderas regionales, los techos de palma o teja de barro y los revestimientos de cal son recursos de bajo o nulo impacto ecológico y alto rendimiento bioclimático.
Con la llegada de los españoles en el siglo XVI se incorporaron otras técnicas, como la mampostería de piedra; sin embargo, estas se fusionaron con los saberes locales y dieron origen a un mestizaje arquitectónico que aún prevalece.
Estas construcciones no son exclusivas de zonas rurales sino que, como señas de un pasado que reclama su vigencia, también emergen en los lugares más inesperados de las ciudades.
Las fotografías de Lázaro Blanco y Pablo López Luz muestran la belleza y vitalidad de estas edificaciones, construidas para perdurar mediante adaptaciones en las que conviven viejas y nuevas funciones. Ventanas tapiadas, muros de adobe, grietas restauradas o expuestas, carteles y cortinas metálicas revelan las sucesivas transformaciones de estos espacios.
Pero lo que llamamos “arquitectura vernácula” excede a sus materiales o estilo constructivo: es la manifestación tangible de la relación entre las comunidades, su entorno y su cosmovisión.
Estas imágenes son testimonio y, también, redescubrimiento de un modo de habitar el espacio que persiste en toda América como expresión de su singularidad.