08/06/2020
La ultima
Perdono pero no olvido... me repitió hasta el hartazgo esa mujer que con total naturalidad, perdono todo, también lo imperdonable, esa misma mujer que envejeció sin avisarle al cuerpo, que mantuvo intactas sus arrugas desde que la vi por primera vez.
mujer que como quien no quiere la cosa y con aguante cotidiano, soporto lo insoportable, hasta esa violencia macha, ordinaria, mediocre y anticuada, que ya iría siendo necesario erradicar de este y cualquier otro planeta, soporto todo; los golpes, los maltratos, los legados, la miseria, la ignorancia y todo lo que se acostumbraba a soportar por ser mujer.
Siempre me inquieto pensar que sentía ella, que no fue princesa, ni he***na, pero que inteligentemente logro convertir sus heridas en cayos, regandolos con paciencia para que con el tiempo, sobre ellos crecieran aunque sea un par de flores, las que finalmente nacieron y se reprodujeron, formando un perfecto y radiante jardín lleno de color, que ahora protege su aroma, para que nunca le falte.
Se, porque ella misma me ha contado reiteradisimas veces, que cometió errores, algunos quizá bastante mas graves que otros, pero también se, y esto ya corre por cuenta propia, tiene negociado su indulto con Dios y hasta su final feliz, tal vez no sea en el paraíso, pero doy por hecho que no le faltaran cartas para una partida y una buena milonga de fondo, para cuando se le cante bailar.
En su inquebrantable memoria guarda historias de pobreza, ingenuidad, picardía y mucho drama. En su resistente corazón atesora amores, dolores y unos dos o tres rencores, con sus frágiles huesos sigue dando batalla.
Putea, rezonga, se queja... pero algunas veces sonríe, camina con la espalda levemente encorvada de p***s, con la mirada firme y la conciencia estrecha, saluda con su mejor mano al pasado y vive gloriosa en un mundo que nació inmaduro y al que tuvo que enseñarle algunos trucos.
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