27/11/2025
https://www.facebook.com/share/1CenqyVpoW/
🕯️💫✨Andrzejki: edición porteño-polaca
Cada 29 de noviembre, mientras medio país está pensando en dónde y con quién toca pasar las fiestas, nosotros —los descendientes de polacos desperdigados por Argentina que seguimos las tradiciones de la cultura polaca— empezamos a preparar el gran evento místico del año: Andrzejki.
No importa si vivimos en Buenos Aires, en Misiones o en Río Negro; todos sentimos el mismo llamado ancestral: “Traé una vela, una ollita y buena voluntad, que esta noche adivinamos el destino”.
En la mesa del comedor, esa misma mesa donde se hacen los pierogi cuando pinta el antojo, empezamos el ritual de la cera derretida. En Polonia esto es solemne, casi poético. Acá… bueno, usamos la vela que sobró del corte de luz y un bowl de plástico resistente, porque la tradición se adapta o no es tradición.
La cera se derrite despacito y todos nos inclinamos para verla caer sobre el agua. Silencio. Suspenso. Y ¡plum! La cera forma una silueta misteriosa que nunca nadie interpreta igual.
—Es una empanada mordida —dice uno.
—Es claramente un gato —dice otro.
—¡Es Polonia! ¡Seguro significa viaje! —afirma la babcia que ve Polonia en cualquier mancha.
Todos se miran resignados de que al final no hay una interpretación lógica aceptable y el tío que hace terapia desde siempre dice que este juego le hace acordar a lo que le hace interpretar la psicóloga cuando le muestra manchas de tinta.
Después viene el desfile de zapatos, que debería predecir quién se casa primero. En Polonia los ponen prolijos, ordenaditos. En Argentina terminamos con zapatillas, pantuflas, unas Crocs y un botín embarrado perdido desde hacía 2 meses. Cuando gana la zapatilla rota del primo que no se compromete ni con Netflix, toda la familia aplaude como si hubiera ganado Polonia en los penales mientras nos miramos y pensamos:"ni siquiera con magia lo convencen a éste".
Pero lo mejor siempre llega al final: con esa ronda de café, té, mate o lo que haya… donde alguien termina diciendo:
“Che… qué lindo mantener esto, ¿no?”
Y ahí está la magia. No en la cera, ni en los zapatos, ni en la interpretación dudosa de las sombras…
Sino en nosotros. En esa mezcla hermosa. En ese puente cálido entre Polonia y Argentina que armamos cada año a fuerza de risas, recuerdos y un poquito de superstición.
Y nosotros, felices, porque lo importante no es atinarle al futuro… es sentir que por un ratito estamos conectados con nuestros abuelos y bisabuelos que hacían lo mismo a miles de kilómetros, en noches heladas y mágicas.
.