01/07/2020
👉 Las etiquetas son profecías autocumplidas
Muchos adultos etiquetan a los niños porque se sienten incómodos con el comportamiento o actitudes de los pequeños. Cuando las etiquetas son positivas y realzamos aspectos positivos de una persona “es un líder”, “es buen observador” o “es muy tenaz”, es mucho mejor para el buen desarrollo de los niños que decir cosas como: “es un pesado” o “es un cabezón”, ¿no crees? Pero hay que tener cuidado con lo que se dice a un niño, porque ellos se convertirán en lo que se dice que son. Si quieres que tu hijo sea educado deberás decirle que lo es, en cambio si quieres que no se comporte de mala manera, pero le dices: “eres un niño malo”, ¿qué crees que puede estar entendiendo?
Sin etiquetas negativas mejor
Un niño que se comporta mal, no es un niño malo, es un niño que necesita atención para saber el por qué de su comportamiento, quizá tenga algún problema emocional que deba solucionar. Un niño al que le gusta estar solo no tiene que ser raro, simplemente puede ser introvertido y le gusta disfrutar de la soledad. Si una niña quiere conseguir las cosas por sí misma sin ayuda no tiene que ser cabezona, puede ser simplemente tenaz… y así podría seguir con mil ejemplos más.
Las etiquetas son muy poderosas y los niños responden a las expectativas que los adultos depositan en ellos. Si los adultos esperan que lo hagan bien y se confía en ellos, lo hacen. Si no se confía en los niños y no esperan realmente que lo hagan bien, no lo hacen. Es necesario que los adultos sean cautelosos con el uso de las etiquetas, hay que usarlas con moderación, conocimiento… ¡y mucho cuidado!