Enseñar y aprender danza
El cuerpo docente, que trabaja en "Espacio Alternativa Danza" comprende a la danza, como fundamental para el desarrollo de capacidades musicales, artísticas, creativas, emocionales y corporales de estudiantes de cualquier edad. Al llevarla al aula contribuye a desarrollar las competencias básicas. Incorpora formas de comportamiento que capacitan a los estudiantes para con
vivir en una sociedad cada vez más plural, cooperar y afrontar conflictos, poniéndose en el lugar de otro, aceptando y disfrutando de las diferencias. Esto es fundamental para trabajar la competencia social y ciudadana. En cuanto a la competencia cultural y artística, permiten apreciar, comprender y valorar críticamente diferentes manifestaciones culturales y artísticas, utilizarlas como fuente de disfrute y enriquecimiento personal y considerarlas como parte del patrimonio cultural de los pueblos. El trabajo didáctico con las danzas del mundo, permite al estudiante comprender la sociedad que le rodea a través del conocimiento y la reflexión de las costumbres y tradiciones de otros pueblos, lo cual contribuye a la consecución de la competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico. Las danzas del mundo son un medio de comunicación y expresión. A través de ellas se trabaja la perseverancia, autoestima, creatividad, autocrítica o control personal, habilidades relacionadas con la competencia en autonomía e iniciativa personal. También el conocimiento de las danzas del mundo contribuye a desarrollar la competencia cognoscitiva, ya que el estudiante tendrá la oportunidad de obtener conocimiento sobre las danzas, los países, etc." En el proceso de enseñanza-aprendizaje, de la danza, implica hablar de actividades físicas, de composición, de valoración estética, de ritmo, de crecimiento artístico, de emociones, de grupalidad, de colaboración, etc. En la danza, el trabajo de preparación técnica y física (que suelen ir paralelas), se le suma la de preparación en el apartado expresivo-artístico, que en definitiva es la más importante. Los bailarines tienen a su cuerpo como único instrumento, el medio para expresarse, como para el escritor puede ser su pluma. La preparación exhaustiva de ese “cuerpo-instrumento” es solo una primera e imperiosa necesidad que tienen para poder luego expresar bailando. Esta forma de aprender-enseñar va unida a lo que llamamos “pedagogía del modelo” (M. Mosston, 1990) tan usada en la danza y que siempre requiere del dominio y la reproducción de unas técnicas, de modelos de ejecución concretos, es decir, de relaciones espacio-temporales específicas en un entorno estable, en solitario o en colaboración con otros compañeros. Definimos este estilo de enseñanza como “convergente”. Para nosotros resulta paradójico aplicándolo desde la primera infancia, poco a poco se busca llegar hacia la divergencia, con el crecimiento psico-temporal del estudiante. Es decir, en la búsqueda de la respuesta diferente, creativa, original y única del estudiante, favoreciendo el desarrollo de su creatividad. Y esto, para nosotros, es uno de los grandes tesoros pedagógicos que las actividades de expresión corporal aportan a la formación integral de las personas. En danza, el estudiante aprende básicamente imitando, pasándose gran parte del tiempo concentrado en reproducir espacial y temporalmente los modelos que le enseñan. En este proceso se da una primera “fase de centración” en el propio hacer, en la que las sensaciones propioceptivas serán las más importantes, y constituye parte del mencionado proceso de “automatización”. Después se pasa a poder trabajar más descentrado y poder atender a aspectos como puedan ser las relaciones en colaboración con los demás compañeros o respecto al trabajo espacial, al tiempo del baile o a la calidad y matices de movimiento.