23/05/2024
A 33 AÑOS DE LA MUERTE DE HECTOR ROBERTO CHAVERO
El cantante y compositor argentino Atahualpa Yupanqui, a los 83 años, murió en la madrugada del 23 de mayo de 1992 en la habitación de un hotel de Nimes, al sur de Francia, ciudad a la que había viajado para recibir un homenaje. El cantante se sintió "muy cansado" el viernes por la tarde y declinó acudir al acto en su honor organizado por el festival español Cartelera 92. Prefirió retirarse a su habitación, donde murió.
En 60 años de trabajo continuo, incesante, Atahualpa -nombre aborigen que el adolescente Héctor Roberto Chavero adoptó a los 13 años, cuando ya tenía clara conciencia de su misión y destino- compuso más de 1.200 canciones criollas.
Con ellas volvió a fundir la identidad de un pueblo allí donde sólo quedaban los restos fósiles de la invasión y conquista. Por eso, la muerte del cantante ha sido considerada en Argentina una pérdida irreparable. Es improbable ya que pueda surgir un artista semejante. Tenía ya toda la música dentro de sus oídos cuando un maestro comenzó a explicarle cómo se llamaban los sonidos de las bellas zambas, milongas, malambos y chacareras que tocaba en la guitarra. Nació en la provincia de Buenos Aires, en el pueblo de Pergamino, pero siempre se le creyó tucumano, de la provincia de Tucumán, al norte del país, porque pasó allí gran parte de su infancia. Jugó al fútbol, practicó el boxeo, la esgrima, puso el cuerpo en la defensa apasionada de toda causa que creyó justa. Fue un notorio militante del Partido Comunista argentino en los años en que el carné de afiliado era un pasaporte seguro a la tortura, la persecución y la muerte, de la que Yupanqui se libró a costa del exilio. De esa época, hacia la mitad de su carrera profesional, son las míticas Coplas del payador perseguido.
Vivió tanto y tan intensamente desde 1909 hasta la madrugada de ayer, que tuvo tiempo de ser aborigen, criollo, argentino y francés. Al final tenía casa en París y en Cerro Colorado, provincia de Córdoba, sitio al que le compuso una de sus más conocidas canciones. Allí descansan sus restos bajo un roble europeo, junto a las cenizas de Santiago Ayala "El Chúcaro".