25/06/2019
Yo soy de Concarán.
Quien no sabe de dónde viene, nunca, pero nunca sabrá a donde va. Tal vez por eso, y por las casualidades de haber compartido nombre con una localidad cordobesa, Concarán se llama Concarán y no Dolores.
Concarán, nombre originario, de los que no se entregan. Del Valle Conlara, del Lasta Caucara.
Cuando decimos Concarán hablamos del mate cocido calentito en invierno que nos llenaba la panza y el corazón. Ese que nos preparaba la vieja cuando volvíamos del colegio. Hablamos de parar todo cuando llueve, porque nos gusta mirarnos a los ojos y compartir un mate con una torta frita. Mientras la otredad se va al cine, en Concarán nos miramos en el otro, en la otra.
Mirarnos siempre en quien tenemos al frente.
Concarán, ancestro de nuestro pueblo, ancestro de nuestras memorias. Por eso el olvido nunca será nuestro. Por eso “la Marta”, acá no solo es “la Marta”, sino que es la Marta hija de la Nora, nieta de la Negra, madre de la piba. Acá no solo compartimos lugares, compartimos memorias. Compartimos solidaridades, compartimos la pena, compartimos la soledad, compartimos la alegría. Es la memoria colectiva la que nos une. Por eso nos duele el dolor ajeno y nos contagian las risas callejeras, porque acá lo tuyo se confunde con lo mío; porque tu hermano es mi vecino, porque tu viejo es mi amigo, porque tu abuela es mi verdulera, porque tu hija es mi compañera de colegio, porque una vez te vi riendo sola en la plaza, porque una vez te crucé en las vías del tren, porque una vez jugamos a la pelota y dejaste de ser mi vecino y te convertiste en mi hermano, y por adopción tu vieja me invitaba a comer.
Acá sabemos de dónde venimos, y aunque a veces nos perdemos, sabemos a dónde volver. No importa cuán marchita tengamos la frente. Concarán nos abraza siempre.
Y no importa si naciste acá, Concarán te adopta, preguntale a cualquiera de esos que vinieron y no lo pudieron dejar más. Y siempre vuelven. A veces pagan el pasaje, a veces se acuerdan de esas vacaciones con las pibas que van a estar siempre ahí… a un recuerdo de distancia. Concarán nunca te deja, lo llevás a todos lados. No importa cuanto lo practiques, nunca podrás dejar la tonada cuando decís que sos de Coooooncarán. Para vos los perros siempre van a ser los chocos, para vos nunca se va a contradecir la expresión “más nueva la vieja”, ni mucho menos decirle “so’ bueno” al que es malo. Es que vos naciste así, desde la cuna fuiste un “preparau”, aunque a veces no te vaya tan bien.
Podrán escribir mil veces la historia de Concarán, con lugares y fechas exactas, sin embargo no estará nunca completa. Acá sabemos, sin embargo, que las palabras escritas están sobrevaloradas. Para conocer nuestra historia, no hace falta más que poner una pava y prestar atención cuando hablan los viejos, y cuando cuentan las viejas.
Es que ahí está la historia del pueblo, la llevamos todos, la recordamos todas. Está ahí, en tu vieja, en tu viejo, en el que ya no está pero te sigue doliendo, en la que se fue a esparcirla por ahí. Y mirás la historia en los ojos del chiquilín que anda en bici por la plaza, que son iguales a los de la abuela que vos extrañas tanto.
Podrán escribir mil veces la historia de un pueblo, pero nada, nada, te va a contar mejor la historia de Concarán que alguien de ahí, mirándote a los ojos diciéndote “yo soy de Cooooncarán”.
Gato cuyano desde Concarán, San Luis