11/08/2026
"Reflexiónes de milonguero"
En las milongas hay menos gente… ¿o me parece?
¿vos también lo notás?. Después de veinte años, se aprende a mirar la pista… y también las mesas. Miro hacia la pista como quien vé una fotografía antigua.
No le echemos la culpa al tango.
Hay menos turismo. Buenos Aires sigue siendo la ciudad del tango, pero no todos los turistas llegan a la milonga. Algunos vienen por el espectáculo, el show… y se van sin haber descubierto ese otro tango, el milonguero.También, aparecieron muchas otras milongas. Antes había menos opciones y la gente se concentraba. Ahora hay milongas tradicionales, q***r, jóvenes, matinés, elites, prácticas, a la gorra, El público se reparte.
Y está el bolsillo que termina decidiendo con nosotros. Para un jubilado, una salida que parece económica deja de serlo cuando sumás entrada, transporte, algo para tomar y el regreso. Y después está la pregunta terrible: “¿Voy a la milonga o compro otra cosa que necesito?”.
También cambió la vida cotidiana. La gente está más cansada. Hay menos tiempo, más obligaciones y una curiosa enfermedad moderna: mirar el celu durante horas y decir que no tenemos tiempo para salir.
¿Y los jóvenes?
Ahí hay otra cuestión. Muchos jóvenes se acercan al tango, pero muy poco a la milonga tradicional. Buscan otras orquestas, otra estética, otra manera de bailar.
Entonces, ¿la milonga está en crisis?
No creo. Está cambiando.Y no es lo mismo.
El tango sobrevivió cuando parecía mu**to. A modas, crisis económicas, cambios culturales.
¿Y qué haremos entonces?
Algo bastante sencillo: dejar de lamentarnos y empezar a preguntarnos qué milonga queremos construir.
Quizás sea conseguir que alguien que hoy tiene treinta años descubra, dentro de diez, que una noche de tango le puede mejorar la vida.
Y entonces volverá.
Con otra compañera.
Con otros zapatos.
Pero con la misma necesidad antigua de todos los milongueros:
abrazar a alguien y olvidarse, durante tres minutos, de que afuera el mundo cada vez hace mas ruido. Salute