26/01/2019
El Club de lectura Las liebres fue un proyecto colaborativo y de participación voluntaria que nació en los albores del invierno de 2011 acunado por el espacio ofrecido por las generosas Mónica Carbone y Graciela Albarenque del Teatro La Luna. Coordinado por Pablo Brega, Lisa Daveloza y Lucía Malvido, funcionó en este recinto hasta el final de aquel ciclo y los descubrimientos, vínculos y expectativas que nacieron entonces, infundieron al proyecto un espíritu de continuidad que hoy en día todavía sigue haciendo brillar algunas chispas de interés en la comunidad de lectores de la Ciudad de Córdoba.
Durante el año 2012 el hogar transitorio del Club fue la biblioteca del Goethe-Institut Córdoba. Con el apoyo de Lara Crespo quien entonces coordinaba este espacio, se llevaron a cabo nuevamente, una vez por semana, los encuentros de Las liebres. Entonces se suscitaron sesiones con escritores y editores como Federico Falco, Viento de Fondo, Alex Appella, Eloísa Oliva, Andrea Guiu, y recibimos las visitas periódicas de grandes liebres , como Jorge Naparstek, Graciela De Oliveira de Demolición Construcción, Anibal Chicco y otras personas de distintas dimensiones y latitudes que enriquecieron muchísimo nuestra experiencia en común y se volvieron nuestros amigos.
En el año 2013 las liebres se mudó a Casa 13, espacio que resultó una especie de hogar definitivo, donde se integró Holograma Luciana a la coordinación del Club, y que albergó este proyecto hasta el cese de sus actividades.
Hace unos tres años que Las liebres interrumpió sus actividades, sin embargo ha quedado este lugar virtual que cada semana nos notifica que una, tres, diez personas continúan preguntándose por esta historia, solicitan direcciones y horarios, preguntan cuánto cuesta, dónde se va a hacer, si nos juntamos el jueves a las 19.00 hs. como lo hicimos persistentemente durante aquellos años. Vimos nacer la escritura de muchos colegas, crecer hasta convertirse en una obra con raíces y frondas. Hay sin decir acá cientos de nombres, cariños, celebraciones, cargas de café, termos de mate, mandarinas y tortas, bolsas de criollos, millones de palabras enunciadas en alto para el deleite propio y de los otros.
No se puede contar completa esta historia, principalmente porque hay algo en ella que todavía no quiere parecerse a un final. Este espacio sigue aquí en la ancha red y me habla a veces de recuerdos y potencialidades que esperan, quietas como pequeños seres del bosque, a que aparezca el nuevo objeto que le dé sentido a la acción de continuar.
Gracias a todos los que han formado parte de esta escucha, de esta carrera y que esperan en su madriguera.