19/07/2024
¿Rompí mi payase?
Ayer hice mi espectáculo N° 9177 el mismo mameluco azul con ácaros de países limítrofes y horizontes imposibles del espectáculo N° 1. No uso metafora si revelo que tiene sudor y lágrimas, saliva, mocos y sangre; parches que tapan accidentes de un extremo arte deportivo como el payasismo.
Tengo 35, una hija y nuevos dolores.
La plaza está mu**ta, el sol helado, en los juegos y la calesita hay nueve infancias de las dejan como perritos en canil, si hay show de calle las mandan como a guardería municipal.
Sin micrófonos ni acústica de anfiteatro, ubico al público de espaldas a las distracciones, mi voz se enreda en los juegos y da vueltas en la calesita.
Juego con mi público y mientras espío las caras mas viejas. Ríen, filman y sacan fotos para no estar. Les tiro una soga con forma de chiste adultocéntrico, lo necesitan, les asusta reírse de tonterías, le temen a culpa de reir del fracaso, les aterra identificarse con el id**ta y no poder salir de la tierra de Nunca Jamás. Las infancias también ríen, porque la risa es contagiosa.
El publico es docil pero hay un niño eufórico, con hambre de circo y con las pupilas más encendidas que la nariz que dejé en la latita dentro de la mochila, junto al maquillaje que tampoco me puse. Ese niño es un Contraagusto, el único adulto sentado en el piso es su papá. Estoy ante un peligroso niño feliz, si no trabajo con él, puede funcionar como espora, enrojeciendo la nariz de todes y convirtiendo mi espectáculo en una total anarquía payasa.
Uso siete minutos para repetirme la rutina ligada al mameluco, que nació por accidente hace trece vueltas al sol, los otros 40 minutos improviso todo, porque el circo necesita peligro. Yo no uso cuchillos, ni fuego, ni acrobacias mortales, mi mamá nunca me dejó, pero tampoco uso el cerebro, los espectáculos son estricta jurisdicción de mi payase
de turno que me prohibe pisar la arena, voy detras tirando del carro, arreglando la luz de su cara, procurando su ropa limpia y sus juguetes zanos, que no pase frío ni calor, tenga la panza llena y se divierta. Y no se crean que me paga con dinero, contadas veces llegó con un parche en ojo y un bolso lleno de efectivo, pero no hay gloria en narrar la victoria.
La función culmina con infancias antes sedadas ahora cargadas de ritmo, niño felizmente peligroso me saluda con armónica sonrisa, la misma de los siete adultos, en su cabeza suena la melodía del show, empleada municipal me da mil pesos y me agradece por repartir risas. Cartonero y su hijo de seis, mientras ordeno la escena de postguerra que dejó payase, me pide un poco de papel y me regala una flor. Vuelvo a sacar las clavas y hago una rutina de malabares, nos divertimos, se acercan seis infancias, chau.
Me siento con esa flor para distraerme de la voz "Pasaste mal gorra" no me atrevo a contarla, otra vez le payase no hizo bien el discurso. Me acuerdo de las jugadas y me rio, de repente estoy en casa, me bañé, cociné, tomé agua de papayaso y esas cosas, me podría ir a dormir feliz pero me acuerdo del alquiler, la inflación.
Me dispongo a contar la gorra como quien se sienta a la mesa a pegarse un tiro en la sien.
Hay $4.000.
Culpa del payase, no le gusta el dinero, a mí sí. Sospecho tenemos cartas astrales distintas. Hace un espectáculo excelente, pero siempre elige olvidar la parte de vaciarles los bolsillos. Y a mí jamás me presta el escenario, territorial, en eso nos parecemos. Quiere que yo sea payase, y no es malo su deseo, pero no sabe tanto de policías sin uniforme, presidentes y dólares. Antes lo obligaba a contar el dinero en las esquinas del semáforo, en los andenes del subte y las estaciones de colectivo, pero lo veía sufrir y romperse. El anillo del poder quema a todes y también al joven Frodo de nariz colorada
El espectáculo 9177 me deja en un oasis de dolor, éxito, placer y frustración, igual que el N 01
Más de la mitad de mi vida viviendo con mi nariz roja, sé que hay personas que no lo entienden, pero las infancias si, todas, y las que viven dentro de cada une también.
Cuando hay amor y confianza, es imposible romper al payase. Para aniquilarlo, sufrir, no alcanza con doler. Se necesita un jefe, interno o externo, podés ser tu propio jefe, alguien que lo cierre, que lo apure, que lo seque.
Si posees Carablanca, Mascaoreja, papá, mamá, criador o dueño y te dá amor con correspondencia, dejarás de ser tu Carablanca, mamá, papá, jefe o dueño, no hay jerarquías, ni titulos, ni poseciones, ni roles en el funcionamiento de la nariz roja o del amor
¿Entonces que es el amor? El amor es un ratito libre, como la nariz y la felicidad.
Pero, y si es un ratito ¿qué es el resto del tiempo?, ¿infelicidad? ¿Desamor? ¿Encierro? ¿Una nariz simple?
El resto del tiempo es dinero
La nariz es redonda y es roja.
Joaquín Ferrucci