10/03/2019
DANZA Y DISCAPACIDAD
El Poder de la Danza - GONZALEZ GONZ SUSANA.
La Danza, una de las artes más primitivas, tiene el poder de despertar el cuerpo y expresar los contenidos del alma, abriendo la puerta a la emocionalidad y a la espiritualidad. Cualquiera sea su forma, produce en quienes la realizan un goce sensual, conectado fuertemente con la vida. Influenciada por la historia y las costumbres, mundo del pasado, presente y futuro, ha sido uno de los más importantes medios de comunicación en la vida de relación entre los seres humanos. La Danza, expresión vital de todos los pueblos, alberga la diversidad cultural de todo el planeta y nos da la posibilidad de encontrarnos con la unidad que somos, en un aquí y ahora presente no fragmentado.
¿Qué poder de seducción tiene la danza que es capaz de liberar el cuerpo, conectar fuertemente con el mundo emocional y mover multitudes?
Todos los pueblos de las distintas culturas danzaron, para comunicarse con los dioses, como una manera de unir lo terrenal y lo divino lo sagrado y lo profano, una posibilidad
de encuentro con otros, y con uno mismo para trascender lo cotidiano. Danza, expresión de alegría, descarga energética, aprendizaje, entrenamiento, placer y
disciplina. Dionisos y Apolo nunca terminaron de entenderse. Miles de años de historia atravesando distintas culturas, lenguajes y técnicas pero los temas universales de la razón y el corazón siguen en una lucha de poder.
Uno de los conceptos más arraigados en nuestra cultura occidental, es considerar a la mente separada del cuerpo. La mente como el aspecto superior de la existencia
humana al equipararla al espíritu, relegando al cuerpo a un segundo plano, al equipararlo con la carne. Cuando mente y cuerpo se separan, la espiritualidad se
convierte en un fenómeno intelectual, una abstracción, una idea, o una creencia; pero el sentimiento de espiritualidad como cualquier otro, es un fenómeno corporal que se experimenta a través de los sentidos, en el encuentro con uno mismo, los otros y la
naturaleza, posible que se despierte, bailando.
Un modelo dicotómico que disciplina el saber, y estandariza las prácticas, que privilegia el tener sobre el ser, la forma sobre el contenido, la teoría sobre la práctica, la apariencia sobre la esencia, la cantidad sobre la calidad, concepción propia de nuestra cultura occidental heredada de la lógica cartesiana, que parte de la reflexión pienso luego existo” de Descartes; donde el cuerpo es la cárcel del alma y los sentidos son engañosos, crea una desconfianza básica en los otros, eliminado la incertidumbre de todo lo que no es conocido. Un modelo educativo, que tiende a borrar la singularidad y
la afectividad, que enarbola la razón, como domadora de los instintos, enfrentando lo sensible a lo razonable, crea cuerpos rígidos, obedientes y disciplinados, robots de
movimientos mecánicos, bailarines domesticados, imitadores de los movimientos de otros, faltos de valentía y coraje para expresar su propia realidad. Un modo de pensar que pondera la simplicidad mecánica sobre la complejidad de la vida, genera miedo a ser lo que se es en el original y miedo al otro diferente, temor a la diversidad y a la semejanza.