25/12/2014
La Navidad: El verdadero sentido de las Fiestas
Hace unos días debí confeccionar por motivos de trabajo el habitual saludo institucional de fin de año recurrí para ello a la clásica fórmula "Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo". No tardó en llegar la sugerencia de reemplazarla por un neutro "Felices Fiestas" para que, cito textual, "no se sientan ofendidos ni excluidos quienes no celebran la Navidad". Me quedé pensando en ello porque no es una ocurrencia aislada, sino que se emparenta con una práctica que viene cobrando presencia: la de vaciar de contenido las manifestaciones culturales en pos de una mal llamada inclusión.
Somos una sociedad que mayoritariamente celebra la Navidad por motivos culturales y religiosos. Quienes por los mismos motivos o por cualesquiera otros no la celebran tienen derecho a no hacerlo pero no a sentirse ofendidos por su celebración, y mucho menos a pretender impedírselo a la mayoría, sea directamente, sea indirectamente mediante la desnaturalización y la neutralización (que de allí viene la palabra "neutro"). Frente a esto me pregunto ¿qué acogida tendrían aquellos que viviendo en algún país musulmán pretendiesen erradicar o por lo menos vaciar de contenido el Ramadán, o viviendo en Israel hacer lo mismo respecto del Januca, por citar algunos ejemplos más conocidos, alegando sentirse ofendidos o excluidos? Ciertamente muy poca, o muy mala.
Parece una broma que debamos, pero igual debemos, comprender y hacer comprender que la manifestación de nuestra identidad mayoritaria no implica persecución, exclusión ni ofensa para las diversas identidades minoritarias. Por el contrario, lo realmente ofensivo es que se tilde de ofensiva a la celebración de la Navidad y a cualquier otra manifestación cultural mayoritaria. Entiéndase el juego de palabras: que se diga la expresión de nuestra cultura constituye una ofensa, es ofensivo. No se trata ya de la trillada separación entre Estado y clero, sino de la dañina escisión de pueblo y cultura. Por supuesto, tal cosa ni siquiera se plantearía a la inversa, caso para el cual siempre se hayan dispuestas a la reacción la histeria y la indignación, basadas en principios de tolerancia, diversidad, pluralidad y libertad de cultos. Imaginemos a modo de ejercicio la polvareda que levantaría una crítica o incluso una duda sobre la pertinencia de los recientes saludos de Januca que ha expresado la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires... Por esta vía se llegaría al absurdo "plural y democrático" de respetar todas las tradiciones y manifestaciones culturales, menos las que legítima y mayoritariamente encarnan en el pueblo argentino. Y es que la defensa de las minorías se ha ido convirtiendo paulatinamente en en la negación velada, y a veces directa, de la mayoría. No sólo mediante la disolución de elementos verdaderos y válidos como el inocente saludo de "Feliz Navidad", sino paralelamente a través de la introducción de elementos extraños, tanto "ecuménicos" como comerciales: en consecuencia, por ejemplo, se yergue la corpulencia de Papá Noel por sobre los cadáveres de los olvidados Reyes Magos.
Frente a estos hechos, corresponde al pueblo e individualmente a cada uno de nosotros defender, frente a las pretenciones de menoscabarla, la identidad cultural que es parte nuestra y de la que somos parte, y enarbolar nuevamente el verdadero sentido de nuestras festividades. Por eso deseo hacerles llegar, rebosantes, mis mejores deseos de Feliz Navidad o Nacimiento.
German Forti