Árbol Amigo es una posibilidad de la mirada, de encontrar potencialidad, poesía y fuerza germinativa allí donde a primera vista se manifiesta lo desechado y lo deshecho. A diferencia de otros materiales, la madera proviene de una “biografía”, sus vetas, nudos y texturas acunan un itinerario, un paisaje, una memoria. La de una entidad que surgió desde el misterio oscuro de la tierra hacia el contac
to con el cielo y sus fenómenos. Un vaso comunicante entre la vida inorgánica oculta, imperceptible, y la majestuosidad del cosmos. Cada árbol, jugando desde el límite de su fijeza y su mudez, está destinado a ser silencioso testigo. Sin embargo, todos los misterios que lo influyen y atraviesan, quedan impresos en su cuerpo. ¿Cómo no acercarse entonces con asombro y veneración hacia cada pequeño trozo de madera descartado en los márgenes del utilitarismo? Con Árbol Amigo no sólo busco recuperar, reutilizar, reducir y reciclar aquellos trozos de maderas desechadas en procura de un “objeto artístico”, sino comunicarme con esta memoria, develar y aunarme a la propuesta inscripta en sus vetas, aprender de ella, descubrir su deseo de ser. En cada trozo de madera persiste su identidad de árbol, como también el eco del obrar de todos los seres y fuerzas que participaron en su desarrollo vital. Atendiendo esa cooperación entre los elementos de la naturaleza, reconozco el tesoro de vivencias que allí descansa. Es por ello que todos los objetos creados desde Árbol Amigo están especialmente sentidos, pensados y meditados, pues nacen de un vínculo con el material, de un diálogo con la poética y la inspiración que surgen de cada encuentro.