03/11/2024
Koblic: un bodrio en vuelo
Con ocho años de retraso presencié esta película protagonizada, cuando no, por Ricardo Darín, quien hasta hoy no se cansa de hacer de Darín. El film tiene un planteo prometedor, un piloto de los vuelos de la muerte, el Capitán Tomás Koblic, se esconde en un pueblo perdido de La Pampa de sus perseguidores. Allí se enrolla con una lugareña (Nancy, interpretada por Inma Cuesta) con quien se enciende una pasión precipitada y sin fundamento. El director y el guionista no tienen la menor idea de cómo se narra una historia de amor ode pasión. No se les cree nada y las escenas de s**o parecen filmadas por la madre abadesa de las carmelitas desclazas. Con esta fallida trama de pasión, naufraga la mitad de la narración y se convierte en la tapadera que elude el tema crucial de los vuelos de la muerte, aquellos en que ciudadanos inocentes eran arrojados al mar luego de ser drogados. En esta historia esos episodios no son más que un sueño que acosa a un Koblic borroso por medio de escenas difuminadas. Para qué meterse eneste tema si no se tiene el coraje de tratarlo como lo que es, una serie de actos salvajes con el que culminó el ciclo de secuestro – tortura – muerte – y desaparición del cuerpo de aquellas personas sindicadas como disidentes del regimen de Videla y sus secuaces. Pero, como la elección del tema es oportunista nada de esto importa a la narración que prefiere desbarrancarse en el tema de la infidelidad cuyo tratamiento carece de toda convicción. Darín ya hace rato que actúa de oficio y los actores que lo secundan dan pena. Oscar Martínez, gran equívoco de la escena argentina, trabaja como si fuera un gran actor creyendo que calzando una peluca ridícula, brinda una interpretación genial, en realidad es un personaje fijo, limitado y patético que no convence. Inma Cuesta tiene menos se*******ad de una piedra. Marcos Cartoy Díaz compone un personaje sin ninguna convicción y, sin ninguna convicción, ni razón, mata de un escopetazo al antagonista de Darín. La película es lenta, torpe y, producto de la falta de imaginación y capacidad narrativa de su realizador y de su ineptitud para la dirección de los actores, se demora en tomas de los personajes pensativos o de paisajes que no añaden nada a la trama. Es una película en la que se nota que hasta la lluvia es falsa. Un film aburrido y cobarde que transcurre penosamente Entonces, tras un final inopinado, en el que Koblic se pone el disfraz de capitán de la armada para asesinar al comisario a la vista del pueblo entero, sin que eso tenga consecuencia alguna, para luego ejercer una venganza sobre tres tipos que nadie sabe quiénes son ni qué hacen en la película. Este conjunto de desaciertos es coherente la trama no cierra no cierra ni cuadra por ninguna parte. Uno termina preguntándose uno se pregunte ¿a quién pudo ocurrisele este bodrio? Y entonces, tras el fundido a negro, con los títulos viene la revelación: el director y guionista es Sebastian Borensztein, un realizador mediocre cuyo único mérito es descender de aquel gran comediante que fue Tato Bores.