15/11/2021
Qué pasó allí, tú no te dejaste tocar, te encerraste en casa y echada sobre la cama, miraste un punto del techo y pensaste "aquí me quedo: así". Ayer soñé estar escalando una montaña, alta, muy alta, y arriba no había nadie. Solo vistas de la ciudad, sus luces lejos, y el bullicio incompresible de la multitud ¿No sientes a veces el cuerpo como piel mu**ta, una cáscara, una puerta que, de abrirse, nos daría paso a volar? Oh, bueno, ya, se me olvidaba. Para ti todo es un deseo enorme, uno incomprendido, dices que huír solo es maravilloso mientras no huyamos, que desde las ventanas se ven las cosas mejor, alteradas o no: más reales. Quererte es firmar sentencia de muerte para un día que no llega, pero que está ahí, como amenaza de lluvia constante, un final retrasado por obras. No se vive feliz cuando la felicidad se te promete de paso ¿Que qué hacer? Por suponer, juraría en principio no tenernos miedo, osar a cruzar el frente de batalla para alejarse, darnos un abrazo sin mirar el reloj, dormir juntos al menos tres días a la semana, y despertarnos tristes los demás.