22/02/2021
Pintura, serie "REMERAS", año 2021
PANDEMIA, CUARENTENA, HISTORIA Y CONTEXTO PERSONAL
Mi abordaje y aceptación de la nueva normalidad, que aún no sabemos cómo es, estuvo marcada por el encierro (convivencia extrema, me gusta decir) con Silvina durante el primer mes y medio de cuarentena. Pero también por la distancia durante esos 50 días con mis hijas, por un año sin volver al trabajo que fue mi rutina los últimos 24 años, por la falta de abrazos, la muerte de mi papá (en realidad, más que su muerte la despedida, la comunicación última e íntima), y otras cosas más.
Así aparece la serie de remeras arrugadas, arrojadas, desvestidas, descartadas, como objetos sin fondo, sin soporte, sin importar dónde, cómo o con qué están: desprenderse de lo superficial.
La remera como uniforme mío, porque es mi uniforme de trabajo, de ser social e individuo. Soy artista, soy militante, novio, padre, hijo, laburante, ciudadano, no sé qué más, CON remera. Dejar la superficialidad de lado, sacarme el uniforme-disfraz para valorar sólo lo importante.
"Me s**o lo que sobra" y lo arrojo sin importar cómo queda. Las arrugas, lo amorfo, la disposición efímera que oculta su entidad de remera para convertirse en forma nueva, en textura textil, es mi expresión de qué fui hasta ahora: un uniforme, una postura, una ficción.
Creí (vamos a creer, aún) en terminar esta serie de pinturas que aún se encuentra en proceso, estando divorciado (mirá si no tiene sentido el "ropaje" descartado) con esas remeras como metáfora de un proyecto íntimo y personal.
(Nota: a pesar de habernos separado en 2018 y de los 5 pedidos –míos y de mi ex - de sentencia de divorcio en los últimos 2 años y medio, estando ambos a derecho, aún no tuvimos siquiera una audiencia.)
La desilusión en los políticos y el alejamiento de la militancia activa, el reencuentro con mi papá y hermanos, la reformulación de "prioridad íntima" de mi trabajo en el Teatro Colón, la amorosa comunicación y convivencia con mis hijas desde la segunda mitad de 2020, la maduración del proyecto de pareja (comprensión, contención, deseo, cariño, paciencia, compañerismo), mi reencuentro con la pintura (después de casi una década sin tocar un bastidor, o de 2 décadas sin dedicación constante en la pintura), el reconocimiento fundamental por mis obras desde mi entorno, son algunas de las cosas que me dejaron desprovisto de formas externas.
Descarté lo que me vestía o daba forma exterior, eliminé las posturas ficticias, la superficialidad vacía que enmascara los deseos. Las remeras descartadas son una expresión de futuro, de deseo, donde sólo vale e importa lo afectivo, deseo que solo valgan los deseos.
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