11/03/2022
Existen tantas clases de besos como clases de amor. El beso sobre la frente, paternal. El beso sobre los ojos, lleno de paz. El beso sobre la nariz, gracioso. El beso en la mejilla, amistoso. Todos ellos algo anodinos, pero que sirven de tentadora invitación a otros más pérfidos, como el indiscreto beso en la garganta, o el arrullador beso en el oído, semejante a la confesión de un secreto. Y está por fin el beso en los labios.
‘Un beso no compromete en nada’ Piensan las alocadas. Tal vez si eres fría como el hielo, y si tu compañero poco fogoso, te deja escapar fácilmente de sus brazos. Pero si el beso te ha conmovido deliciosamente, ten en cuenta que a él le conmueve más imperiosamente que a ti, y despierta toda la fuerza de su deseo. No des un beso amiga mía, más que con la alianza en el dedo. Es un recatado consejo que canta en Fausto el mismísimo diablo.
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Mi regalo a ustedes para ir entrando en calor este día de viernes.
Extraído de la película Entre Tinieblas, de P. Almodóvar. Obviamente tuve que buscar quién era ese tal Fausto.