11/09/2025
🏳️🌈
En septiembre, el Vaticano fue testigo de un hito sin precedentes: la comunidad LGTBIQ+ atravesó la Puerta Santa de San Pedro en el marco del Jubileo.
Fue mucho más que un gesto: fue el abrazo de una Iglesia que empieza a abrirse a la diversidad.
Un paso necesario, esperado y soñado, que encendió la esperanza y la alegría de miles de corazones.
Atravesar esa puerta significó atravesar siglos de silencios con la fuerza de la fe y la luz de la inclusión.
Un momento histórico donde la fe y el amor caminaron de la mano, sin miedo y sin fronteras.
Sin embargo, desde mi humilde experiencia, siento que aún falta mucho.
Porque si bien este paso es un precedente invaluable para la visibilización, persisten los grises que nos siguen condenando.
En los discursos todo suena luminoso, pero en la vida concreta de quienes formamos parte de esta comunidad todavía pesan miradas, prejuicios y doctrinas que nos dejan en tela de juicio.
Es en los “peros” donde la inclusión se detiene: Dios ama al pecador, pero aborrece el pecado. También aquel otro: la homosexualidad no es pecado, pero sí lo son los actos homosexuales.
Y, como telón de fondo, el viejo modelo de familia “único y verdadero”, impuesto hace siglos, que sigue siendo usado como medida de validez para nuestras vidas, amores y proyectos.
Por eso este gesto, aunque inmenso, no es el final del camino: es apenas el comienzo de una lucha por un amor sin condiciones y por una fe donde nadie quede afuera.
🌈
⛪️