05/02/2021
Frágil
El consumo es una de las premisas que caracteriza y estructura nuestro tiempo, mientras la sociedad se inclina vorazmente por el consumo, la demanda se preocupa incesantemente por generar contenido auténtico y novedoso, por lo que la producción de objetos y piezas de arte están vinculados a lo instantáneo. Lo nuevo se arguye como novedoso, pero no es más que una variación de lo mismo. Aquí se nos presenta un problema utópico, en el sentido que lo auténtico se cae en lo fugaz y lo novedoso en la estrategia de la repetición.
En este contexto, abordar los objetos aberrantes no es más que una estrategia corrosiva de autocuestionamiento y de imaginería visual que involucra al espectador / espectadora o usuario. Si bien la aberrancia plantea alejarse de lo normativo, en lo formal, lo normativo está presente como anclaje conceptual pero con algunos cambios obtusos , cuya finalidad es otorgar cierta libertad interpretativa. Por otro lado, los objetos se sumergen en un contexto cultural específico, que en este caso, hacen un llamado de un contexto occidental, en donde se plantean situaciones de referencia a la realidad cotidiana pero con lecturas abiertas sobre lo diverso de cada experiencia que, a su vez, desmantelen el precepto primero del abordaje inicial. La consecución de plasmar una fuerza creativa en el espectador o usuario es clara, por lo que se desmorona toda autonomía en el objeto.