09/03/2022
¡¿Qué locura fue el domingo 6 de marzo, no?! Para cualquier futbolero, las palpitaciones se aceleraban llegando al mediodía. En una época difícil, donde prima la apatía y se recrudece el individualismo; el fútbol y su gente, nos vuelven a enseñar. Por lo menos, nuestro fútbol, el del Muni.
En el fútbol hay trabajo en equipo, unión, empatía, compañerismo; todos tiran para el mismo lado y con un objetivo común: lograr, a través del trabajo en equipo, que el club llegue lo más alto que se pueda.
El fútbol y la vida es casi lo mismo, ¿Se dieron cuenta? Siempre hay que tratar de jugar de la manera más honesta, sin sacar ventajas con argumentos fuera del reglamento; es que una victoria con gustito a trampa no se disfruta de la misma manera que si uno la consigue con esfuerzo. Nunca hay que ir por fuera de la raya o vender humo, mucho menos jugar para la tribuna. Jamás hay que creerse más que nadie ni mejor que otro; no hay que subestimar a ningún rival... al fin y a cabo, los pingos se ven en la cancha y cuando la pelota empieza a rodar. Siempre hay que jugar en equipo, nadie gana solo. La unión de un grupo siempre se recompensa con resultados que se celebran y disfrutan más. Nunca hay que poner por delante el orgullo y la vanidad, eso rompe cualquier intento de comunión. Y cuando la cosa venga complicada, hay que jugar a dos toques, simple, buscar al compañero/a mejor ubicado, intentar dar el primer paso bien, no querramos tirar lujos cuando la vida viene de c**o. Tampoco nos compliquemos con gambetas en momentos y lugares que no se debe gambetear; y recordemos que se puede perder un partido pero jamás la dignidad. Intentemos siempre disfrutar de la vida, jugar lindo, defender nuestro estilo, arriesgar con y por los sueños, no ser mezquino, ir al frente. Pasar por este mundo y empatar todos los partidos siempre va a ser aburrido. Es preferible morir intentando que vivir pegándole de punta y para arriba.
Todos nos podemos equivocar, lo que no debemos es dudar sobre nuestros sueños e ideales. Recordemos y no nos olvidemos, que los títulos son muy lindos, pero no hacen a la persona; nadie es más que otro por una vuelta olímpica. No sólo ganar es lo importante, es derrota cuando no dimos todo lo que teníamos. Y en este campeonato, lo dieron todo y más también. Los trofeos se herrumbran, lo único inmortal es la gloria. Dicen que la única persona que muere dos veces es el futbolista. Entonces, sean felices y disfruten de vivir por dos.
Y como el fútbol y la vida es casi lo mismo, entre la amalgama, me toca elegir qué amor vivir. Por herencia y por elección, tengo un amor incondicional y desmedido por este club. Porque ni caminaba pero ya "pisaba" la cancha del Muni, pues mi viejo tenía la costumbre de llevarme a sus entrenamientos y yo iba de, brazo en brazo, pelota tras pelota, hasta que volvíamos a casa. Porque mi abuelo nos inculcó el amor al celeste, al club de barrio, al club de los "imposibles" pero de fuertes convicciones. Porque mi hermano, usó la camiseta desde que era un purrete y la defendió con uñas y dientes. Y porque cambio cualquier cosa por ir a la cancha sábados y domingos. Así que sí, por herencia y por elección, desde la cuna hasta el cajón. Por el celeste que pinta mi corazón y me eriza la piel. Y claro, por el Celeste que me hace sufrir, pero ni te cuento lo hermoso que es emocionarme y llorar de felicidad como lo hice el domingo.
26 años, 4 meses y 18 días después... Entre las ganas, la fuerza y la adrenalina del equipo, y la pasión y el frenesí de la familia celeste que tiene cultura del aguante histórico, realmente da la sensación que este triunfo se escuchó hasta el último planeta del sistema solar.
¡Felicidades, campeón! ¡Que la gloria sea eterna!
¡Gracias, gracias, gracias Muni querido! 💙🏆🙌🏼🥇