05/10/2026
Había una vez dos amigas que se llamaban Carla y María Antonieta. Se conocieron en un diplomado, que es como una escuela pero para grandes. Carla era de San Pedro Nuevo, en Etchojoa, y María Antonieta era de Guadalajara.
Un día Carla le contó todo de las tradiciones de su pueblo y María Antonieta dijo: "¡Yo quiero ir!". Carla le dijo que fuera en Cuaresma. Y así fue. Llegó en las vacaciones de Semana Santa.
Los primeros días estuvieron padrísimos. Carla le enseñó todo el pueblo y los lugares más bonitos. Hasta comieron tortillas de harina.
Pero una noche María Antonieta oyó un ruido bien raro. ¡Pum, pum, pum! Eran tambores. Y luego ¡PUM! como truenos o cohetes. Ella pensó: "Esto es un ritual satánico, seguro". No pudo dormir.
La noche siguiente fue peor. Vio por la ventana una sombra que corría. Tenía cuerpo de animal pero la cara era rarísima. ¿Era animal? ¿Era persona? ¡No sabía! Casi se desmaya.
Pasaron los días y María Antonieta ya andaba bien cansada, con unas ojeras gigantes, como de panda.
Y llegó la peor noche de todas. Vio que unos monstruos perseguían a un viejito y lo latigaban. ¡Qué miedo! Y luego vio a Carla platicando con uno de ellos. María Antonieta pensó: "¡Carla es mala! Me trajo aquí para que me hagan algo".
Así que agarró su maleta como pudo y salió corriendo. Pero cuando abrió la puerta, ¡plas!, se topó con Carla y con un montón de monstruos.
—¡No me hagan nada! —gritó María Antonieta.
Pero entonces uno se quitó la máscara y dijo:
—Tranquila, señorita. Somos los fariseos.
Resulta que no eran monstruos. Eran los fariseos de la Cuaresma, que es una tradición del pueblo. Y el viejito era el tío Chuy, que lo hace todos los años. Hasta pidió agua y una tortilla con frijoles.
—¿Y por qué hablabas con uno de ellos? —preguntó María Antonieta.
—Es mi primo Beto —dijo Carla—. Me preguntó si quedaban tamales.
—¡Y por qué no me avisaste!
—Es que se me olvidó. Para mí es normal.
En eso, a un fariseo le sonó el celular y contestó con la máscara puesta: "Sí, mi amor, ya voy, llevo la leche".
Todos se murieron de la risa. María Antonieta se rió tanto que se sentó encima de su maleta.
Y al final se comieron todos los tamales. Y María Antonieta pregunta al otro día: "Oye, ¿y a qué hora salen hoy los fariseos?".
Fin