22/04/2026
A mi Bárbara adorada:
Aprendí en una tarde lluviosa que en las jerarquías naturales, así mismo en los cielos, los hermanos mayores tienen el deber de guiar y proteger a sus hermanos menores, y que los hermanos menores deben servir y respetar a los mayores. Pero tú me has protegido más de lo que te correspondía, acompañándome en todas las dichas y en la intimidad de reconstruir mi alma en secreto.
Son siete años y siete meses exactos los que nos diferencian, un septenio redondo que testifica la perfección de Dios y sus designios. Doy fe de que hoy estoy presente y con un propósito porque has estado justo a tiempo para salvarme y amarme con la fiereza de las lobas de Pinkola Estés. Tú recuerdas una vida antes de mí, pero en mi memoria más remota estás durmiendo en la misma cama que yo y estamos jugando a ser Hiedra Venenosa y Batichica, viendo Hannah Montana al llegar de natación, comiendo tequeños en el colegio y burlándonos de las cantaletas de papá y mamá mientras suena Avril Lavigne a todo volumen cuando no están. De ti heredé el rock y el glamour, la valentía, la empatía y esa capacidad sobrehumana de tener el corazón más grande después de cada adversidad. Sólo me negaste la salsa y el swing, pero no es tu culpa, nací con dos pies izquierdos.
Todos los días aprendo de ti y reconozco tu huella en mí, honro la historia de tu vida y agradezco la fortuna que en la lotería genética nos hizo compartir el ADN. Nuestras diferencias nos identifican y nuestros contrastes nos armonizan. Tú eres escena y movimiento y yo soy imagen y palabra. Somos un gato negro y un gato naranja que brincan atrapando el sol en un jardín, y somos cada una de sus flores. Si Dios me lo permitiera, volveré a crecer a tu lado y compartiré contigo todas mis vidas hasta ser una sola luz en Él.
Decirte que te amo es poca cosa. Siempre seré tuya y para ti.
❤️