18/04/2021
“Pandemia, una tragicomedia en tres actos y un epílogo” por Carmelo Castro
Aclaro que la intención no es hacer chanza de un tema tan serio pero como exclamó en su oportunidad el comediógrafo griego Aristófanes:
“Quién me impide decir entre risas la verdad”
Y apuntalando lo anterior pero ahora en boca de alguien tan serio y riguroso como el filósofo alemán Frederick Nietzsche:
“El hombre sufre tanto que ha debido inventar la risa”
Habiéndome justificado ante ustedes, como lo hiciera Mercurio en el prólogo de la comedia Anfitrión del autor latino Plauto, ahora sí…
ACTO I
De Wuhan a Caracas.
En el mes de enero del año 2020, comenzamos a tener noticias del brote de una extraña enfermedad que al parecer se había originado en una remota y pujante ciudad llamada Wuhan, capital de la provincia de Hubei, habitada por once millones de personas y ubicada al oeste de China. Allí se reportó de manera oficial, el primer enfermo el 31 de diciembre del año 2019.
Se decía que en el popular Mercado Mayorista de Mariscos, donde se ponen en venta una gran variedad de productos - exóticos para nuestro gusto – que van desde “zorros, pasando por murciélagos, insectos hasta serpientes”, entre otras menudencias de una dieta ancestral en la que a manera pragmática reza: “que si camina, vuela, nada o se arrastra, se come”.
Ahora, pensándolo bien, no nos debería asombrar tanto, cuando en una región del sur de nuestro país es muy popular el pastel de morrocoy.
En resumen, la ingesta del vituperado “sancocho” de murciélago chino, muy bien podría ser una leyenda urbana a lo que en un principio se considera origen del mal que ahora nos tortura.
Ya para la tercera semana de enero de ese año 2020, se contabilizan 800 casos confirmados y se habla de cerrar esa ciudad industrial que por su estratégica ubicación tiene acceso a otras ciudades importantes tanto por un activo tráfico fluvial y por ultramodernos trenes. Así se entiende el porqué de la vertiginosa propagación del virus.
Ya el 23 de enero se decreta el confinamiento en toda la provincia de Hubei.
A partir de ahí pasa a Europa, donde se diagnostica el primer caso el 25 de enero en Francia, un hombre de 80 años que fallece poco después. El segundo país fue España y ya sabemos cómo Italia debió lidiar con la enfermedad y al mismo tiempo con la indiferencia ante sus llamados de auxilio a todas las otras naciones que conforman la Comunidad Europea, lo que trajo como consecuencia una gran mortandad que ha podido evitarse.
Solo fue cuestión de pocas semanas para que el resto del planeta, en un momento bien llamada “aldea global” por Marshall McLuhan, se cundiera con el virus al que se bautizó como Covid -19, mientras la OMS - Organización Mundial de Salud, ya declara que se está ante una pandemia.
Si bien es cierto que a través de la historia de la humanidad ya se tienen registros de este tipo de avatares, comenzando en la antigua Grecia, cuando Hipócrates informa de una epidemia de paperas, causante de dolores en los testículos de los jóvenes atletas, hasta este momento no se había registrado una catástrofe relacionada con la salud de magnitudes abismales como la que estamos padeciendo en este momento.
En Venezuela, no tardaron en aparecer algunos casos aislados mientras las actividades normales continuaban. En lo particular, había arrancado a dictar un Taller presencial de creación del personaje sin mayor contratiempo pero con el correr de los días la situación se agrava.
Fue entonces cuando a partir del lunes 16 de marzo, se decreta por primera vez la cuarentena lo que implicaba entre otras medidas preventivas la prohibición de todo tipo de reunión o concentración de personas, iniciándose así un camino incierto para todos involucrados con el teatro.
ACTO II
Comienza la cuarentena, el mundo se detiene
Con la cuarentena y el confinamiento planetario, todo parece detenerse. Sin poder evitarlo caímos en un océano de incertidumbres. Las redes sociales pasaron a ser las protagonistas de nuestras vidas. Nunca se hizo más patente la expresión de que vivimos en la era de “las pantallas”.
Recuerdo haber leído unas declaraciones del controversial Bill Gates, magnate de la informática y filántropo y de quien se dice, predijo esta pandemia, advirtiendo que no tendríamos una vacuna antes de 18 meses.
Cuarenta laboratorios importantes alrededor del planeta, entonces se dan a la tarea de investigar para hallar el antídoto y enfrentar la enfermedad que ya había comenzado a cobrar víctimas.
En el claustro en el que se convierten nuestros hogares, nos transformamos sin proponérnoslo en una suerte de espectadores y actores al mismo tiempo.
Mientras, en un vaivén de cierres esporádicos y efímeras aperturas relámpagos de las salas teatrales prosiguen los sucesivos meses hasta el fin de este 2020, que bien podría ser llamado: “Annus Horribilis”
ACTO III
El mal se expande sin control
Con el arranque del año 2021 se inició una etapa que llamaría de “normalidad” porque como seres que nos adaptamos para no perecer, hemos logrado sobrevivir como especie. La anormalidad se transforma en nuestra cotidianidad.
La mascarilla o tapabocas pasa a ser un accesorio imprescindible para traspasar la puerta hacia a la calle, así sea para ir a botar la basura.
Algunos para mayor protección también incorporan el llamado “face shield”, los guantes desechables, los geles en spray, el lavado continúo de las manos, el distanciamiento social y por añadidura: la paranoia. Si, porque tantos y violentos cambios de hábitos de uso y de convivencia no pueden generar otra cosa que trastornos conductuales hasta en el ser más normal de nuestros congéneres.
Llama la atención el vertiginoso ascenso de cuadros depresivos y episodios de violencia familiar que vemos proliferar y que documentan los medios de comunicación.
No es gratuito que la misma OSM llame la atención de los gobiernos en este sentido. Hemos sido testigos de las protestas en ciudades del llamado primer mundo como Ámsterdam o Londres, donde los ciudadanos se revelan, hastiados del encierro. Apenas hace dos días se dio un cacerolazo en Buenos Aires.
En este punto, recuerdo al filósofo español José Ortega y Gasset cuando decía: “el hombre es indefinible y contradictorio”.
Ya en el pasado mes de enero tuve la oportunidad de moderar un conversatorio con estudiantes de actuación de Estudio 7, dirigido por Alfredo Aparicio, en la ciudad de San Cristóbal, estado Táchira. Ya de regreso a Caracas, pude asistir a dos lecturas dramatizadas de obras de Javier Moreno (“Eterna prometida”) y Luis Alberto Rosas (“Casa materna”) y más recientemente de la obra “Humo”, del compañero Manuel Barreto, en el Bar Java´s, propiciadas por Luz Dary Quitian Mayor, dueña del lugar y productora teatral, quien ha tenido la generosa iniciativa de ceder sin costo alguno este espacio para tales eventos.
A mediados del mes de febrero modero por invitación de la dirección de la Escuela de Arte Escénico Juana Sujo un Conversatorio con el que se inaugura un ciclo titulado “Los restos del actor del siglo XXI”, en la Sala Arturo Uslar Pietri del Celarg.
El miércoles 20 del mes de enero, después de 179 (¿?) días de cuarentena y a raíz de una reunión de teatreros con el ciudadano Ministro de la cultura, en la que se le expuso la necesidad urgente de mirar hacia el sector, se logra que desde el gobierno se hable de permitir abrir teatros y cines en las semanas de flexibilización. Decisión que en ese momento se percibió como un alivio, por fin íbamos a salir de un profundo letargo para regresar a nuestra actividad, al teatro, al contacto con nuestra gente y con el público, sin cámaras ni pantallas de por medio, al teatro de verdad, al que Peter Brook define “como un hombre que pasa y otro que lo observa”.
El epílogo
“Ser o no ser… vacunado”
El significado de la palabra “epílogo” es muy simple: Parte final de ciertas obras literarias o dramáticas en la que se da el desenlace de alguna acción no concluida o se refiere un suceso que guarda relación con la acción principal o es consecuencia de ella.
Precisamente todo eso contiene nuestro epílogo, cuando el día de hoy tras la amenaza de una segunda oleada de contagios con un virus que nos acedia, ahora repotenciado por sus malignas mutaciones y más letal que su predecesor nos condena a escondernos de nuevo.
Estamos frente a la disyuntiva de ser vacunad@s y escribo la palabra con arroba para que nos incluyan a todos y todas, sin necesidad de un carnet controlador y discriminante. Solo debe bastar con vivir aquí, en este país, donde todos respiramos el mismo aire y nos arropa la misma bandera.
No es humano esperar la aparición del llamado ”rebaño” producto de pura sobrevivencia de los más actos o apoyarnos en la tesis de que el 5% de la población posee de forma natural una especie de súper anticuerpos, que como decíamos en una época, a la persona que por suerte los posea no le “pica ni coquito”.
Y ahora sí, el epílogo del epílogo… Al inicio de esta “tragicomedia” fue inevitable no recordar la novela del existencialista Albert Camus, leída en mis años mozos, “La Peste”.
De golpe me sentí en la ciudad argelina de Orán, atestiguando el accionar de los mismos personajes: los médicos abnegados, los malvados que se aprovechan del dolor del prójimo, donde afloran los instintos más bajos pero lo que más rescato son las palabras del autor que suscribo como si fueran mías:
“En el hombre hay más cosas dignas de admirar que de desprecio”
¡Gracias!
Carmelo Castro
Abril / 2021