21/08/2026
Davy Liu llegó a trabajar en algunas de las películas animadas más reconocidas de Disney, pero descubrió que el éxito profesional no podía ocupar el lugar del propósito de Dios. Años después, el artista contó al pastor Tony Evans que abandonar Hollywood para seguir ese llamado lo llevó por una de las etapas más dolorosas de su vida. Su historia muestra el precio que puede tener la obediencia, pero también cómo Dios puede usar los talentos de una persona para un propósito mayor.
Liu creció en Taiwán y llegó a Estados Unidos cuando tenía 13 años, después de enfrentar grandes dificultades académicas durante su infancia. Fue entonces cuando descubrió una capacidad extraordinaria para el dibujo, un talento que comenzó a entender como un regalo que Dios había colocado en sus manos. “Aunque no puedo sacar sobresalientes, puedo dibujar líneas rectas”, recordó, asegurando que solo Dios sabía para qué había recibido aquel don.
Ese talento terminó abriéndole las puertas de Disney, donde participó en producciones como La Bella y la Bestia, Aladdin y El Rey León. Allí aprendió el enorme poder que tienen la animación, las imágenes y una historia bien contada para marcar la mente y el corazón de los niños. Sin embargo, mientras su carrera avanzaba, también crecía dentro de él una preocupación espiritual sobre el propósito al que estaba entregando su creatividad.
Liu explicó a Tony Evans que llegó a cuestionarse seriamente qué respuesta daría delante de Jesucristo acerca del talento que Dios le había confiado. “¿Cómo miraré a mi Salvador usando el talento que Dios me ha dado para servir algo que llevará a los niños al infierno?”, recordó haberse preguntado. Ese conflicto lo llevó finalmente a abandonar una posición que muchos considerarían un trabajo soñado para intentar producir historias fundamentadas en principios bíblicos.
Pero seguir lo que entendía como el llamado de Dios no produjo resultados fáciles ni inmediatos: su vida comenzó a desmoronarse en varias áreas. Su primer matrimonio terminó, sus finanzas colapsaron y atravesó años marcados por ansiedad, soledad y una profunda oscuridad espiritual. En otras entrevistas ha reconocido la dimensión de aquella pérdida con una frase contundente: dejar ese camino profesional “me costó todo”.