29/01/2026
(Continuación)
Mi hombre, ese que me enseñó y me regaló la vida más completa y hermosa, me juró antes de irse que me acompañaría en mi viaje aunque no pudiera verlo hasta que pudiéramos reunirnos en el otro lado. Y cumplió su promesa.
Así lo siento cada día y lo sentí al permitirle el baile a aquel joven. Al levantarme de mi silla y mirar aquellos dos caballeros, sentí la presencia de él en sus miradas. Aquel joven me tomó de la cintura y sentí sus fuertes manos rodear mi cintura, con un movimiento movimiento de cadera rozó mi entrepierna y recordé mi experiencia de juventud cuando me mojaba con tan solo pensar en un momento erótico. Debió darse cuenta de mi cara de asombro y éxtasis a la vez, se acercó a mi oído y con una respiración que me hizo vibrar me dijo: "Llevo días viéndote desde lejos cuando caminas en la playa, nunca me atreví a acercarme pues honestamente, tienes algo que me intimida, pero verte hoy aquí, así con ese vestido...no pude resistirme. Aunque no lo creas, estoy temblando y por eso te lo digo al oído y no mirándote a los ojos. No sé quién es el caballero que viene contigo y espero no ofenderlos a ninguno de los dos pero si me permites, podemos disfrutar todos los bailes que desees esta noche."
Alejó lentamente su cara, rozando sus labios con la mía hasta quedar de frente a mis ojos con una distancia que marcaba respeto pero sin dejar de ver sus deseos de devorarme.
Miré al lado y mi acompañante me miraba con una mezcla de incertidumbre, lujuria y a la vez recelo; su mirada me preguntó si me sentía incómoda y yo le respondí con una leve sonrisa asintiendo con la cabeza. Paró la música y con un ademán a la silla, le indiqué al joven que nos acompañara a la mesa. Nos sentamos los tres como en una reunión conspirativa pero con una mirada de júbilo y complicidad que nos hizo reír a carcajadas sin ap***s decir palabras.
Los miré, quedaba en el medio así que tomé sus manos sobre la mesa y con voz serena, de confianza y de matriarca que sabe exactamente como conducir a sus súbditos, les expresé el plan de la noche: "bailaremos toda la noche mientras nos sintamos a gusto en este lugar, luego nos iremos a un lugar que estoy segura mi compañero nos llevará (mientras decía esto lo miraba en busca de aprobación y él como si me conociera de toda la vida, me seguía y me reafirmaba con la cabeza que todo lo que decidiera iba a estar bien para él). Todo lo que haremos será de mutuo acuerdo y si en algún momento alguno no se siente bien, se retira sin dramas ni explicaciones"
El joven quedó perplejo, no entendía mis palabras pero la expresión de su rostro mostraba curiosidad, deseo y hasta cierto toque de impaciencia. Como era de esperar, su voz no se contuvo para decir que si de él dependía nos iríamos al instante. Nos reímos con aquella ocurrencia y el caballero que me acompañaba cortó la risa poniendo su mano de manera sutil pero fuerte y cortante sobre el brazo del muchacho: "Algo debes tener claro -le dijo mirándolo directamente a los ojos- ella es una dama y más que eso, es, mientras estemos a su lado, nuestra reina, así que como leales súbditos debemos comportarnos".
Su voz pausada pero fuerte me hizo saltar en mi asiento que sentía que se mojaba por mis fluidos, aquella demostración de macho alfa me había provocado una sensación de orgasmo que tuve que controlar dado el tiempo que llevaba sin contacto físico.
Todo quedó acordado en ese instante y aunque nos levantamos para continuar bailando, en el fondo estábamos locos por irnos.
El joven con aquella camisa que comenzaba a sudarse mostraba su pecho, su pelo negro con un corte y peinado perfecto le dejaba caer un fino flequillo sobre la frente, comencé a mirarlo mientras bailaba y ya me iba imaginando todas las perversidades que haríamos; sus brazos se marcaban fuertes y su pantalón dejaba ver un bulto que pedía ser comido. En mi cabeza tenía imágenes que casi me tenían en estado hipnótico, de no ser por el control que tengo sobre mí misma hubiese saltado sobre él y directamente sobre su entrepierna delante de todo el mundo. Así que me acerqué lentamente y mis manos recorrieron desde su pecho hasta llegar al cierre y... Oh! Por Dios! Qué sentía!
Me volteé hasta mi compañero de la noche y con voz firme pero dulce le dije: "Tenemos que irnos"
Les indiqué con la mano que nos íbamos, llegamos al estacionamiento y el joven en su moto nos siguió hasta ese lugar que hasta hoy, es uno de mis preferidos.
(Continuará)