Mi nombre empieza con M de Mujer

Mi nombre empieza con M de Mujer Mujeres: niñas, jóvenes o con experiencia acumulada. Con qué nacimos y cómo nos hacemos? �

(Continuación)Mi hombre, ese que me enseñó y me regaló la vida más completa y hermosa, me juró antes de irse que me acom...
29/01/2026

(Continuación)
Mi hombre, ese que me enseñó y me regaló la vida más completa y hermosa, me juró antes de irse que me acompañaría en mi viaje aunque no pudiera verlo hasta que pudiéramos reunirnos en el otro lado. Y cumplió su promesa.
Así lo siento cada día y lo sentí al permitirle el baile a aquel joven. Al levantarme de mi silla y mirar aquellos dos caballeros, sentí la presencia de él en sus miradas. Aquel joven me tomó de la cintura y sentí sus fuertes manos rodear mi cintura, con un movimiento movimiento de cadera rozó mi entrepierna y recordé mi experiencia de juventud cuando me mojaba con tan solo pensar en un momento erótico. Debió darse cuenta de mi cara de asombro y éxtasis a la vez, se acercó a mi oído y con una respiración que me hizo vibrar me dijo: "Llevo días viéndote desde lejos cuando caminas en la playa, nunca me atreví a acercarme pues honestamente, tienes algo que me intimida, pero verte hoy aquí, así con ese vestido...no pude resistirme. Aunque no lo creas, estoy temblando y por eso te lo digo al oído y no mirándote a los ojos. No sé quién es el caballero que viene contigo y espero no ofenderlos a ninguno de los dos pero si me permites, podemos disfrutar todos los bailes que desees esta noche."
Alejó lentamente su cara, rozando sus labios con la mía hasta quedar de frente a mis ojos con una distancia que marcaba respeto pero sin dejar de ver sus deseos de devorarme.
Miré al lado y mi acompañante me miraba con una mezcla de incertidumbre, lujuria y a la vez recelo; su mirada me preguntó si me sentía incómoda y yo le respondí con una leve sonrisa asintiendo con la cabeza. Paró la música y con un ademán a la silla, le indiqué al joven que nos acompañara a la mesa. Nos sentamos los tres como en una reunión conspirativa pero con una mirada de júbilo y complicidad que nos hizo reír a carcajadas sin ap***s decir palabras.
Los miré, quedaba en el medio así que tomé sus manos sobre la mesa y con voz serena, de confianza y de matriarca que sabe exactamente como conducir a sus súbditos, les expresé el plan de la noche: "bailaremos toda la noche mientras nos sintamos a gusto en este lugar, luego nos iremos a un lugar que estoy segura mi compañero nos llevará (mientras decía esto lo miraba en busca de aprobación y él como si me conociera de toda la vida, me seguía y me reafirmaba con la cabeza que todo lo que decidiera iba a estar bien para él). Todo lo que haremos será de mutuo acuerdo y si en algún momento alguno no se siente bien, se retira sin dramas ni explicaciones"
El joven quedó perplejo, no entendía mis palabras pero la expresión de su rostro mostraba curiosidad, deseo y hasta cierto toque de impaciencia. Como era de esperar, su voz no se contuvo para decir que si de él dependía nos iríamos al instante. Nos reímos con aquella ocurrencia y el caballero que me acompañaba cortó la risa poniendo su mano de manera sutil pero fuerte y cortante sobre el brazo del muchacho: "Algo debes tener claro -le dijo mirándolo directamente a los ojos- ella es una dama y más que eso, es, mientras estemos a su lado, nuestra reina, así que como leales súbditos debemos comportarnos".
Su voz pausada pero fuerte me hizo saltar en mi asiento que sentía que se mojaba por mis fluidos, aquella demostración de macho alfa me había provocado una sensación de orgasmo que tuve que controlar dado el tiempo que llevaba sin contacto físico.
Todo quedó acordado en ese instante y aunque nos levantamos para continuar bailando, en el fondo estábamos locos por irnos.
El joven con aquella camisa que comenzaba a sudarse mostraba su pecho, su pelo negro con un corte y peinado perfecto le dejaba caer un fino flequillo sobre la frente, comencé a mirarlo mientras bailaba y ya me iba imaginando todas las perversidades que haríamos; sus brazos se marcaban fuertes y su pantalón dejaba ver un bulto que pedía ser comido. En mi cabeza tenía imágenes que casi me tenían en estado hipnótico, de no ser por el control que tengo sobre mí misma hubiese saltado sobre él y directamente sobre su entrepierna delante de todo el mundo. Así que me acerqué lentamente y mis manos recorrieron desde su pecho hasta llegar al cierre y... Oh! Por Dios! Qué sentía!
Me volteé hasta mi compañero de la noche y con voz firme pero dulce le dije: "Tenemos que irnos"
Les indiqué con la mano que nos íbamos, llegamos al estacionamiento y el joven en su moto nos siguió hasta ese lugar que hasta hoy, es uno de mis preferidos.
(Continuará)

Este pedacito de cielo es mío, me lo regalé y nadie me lo va a quitar. Es el que miro en los días grises, los colorados,...
17/01/2026

Este pedacito de cielo es mío, me lo regalé y nadie me lo va a quitar. Es el que miro en los días grises, los colorados, los blancos o,en los azules como este.
Es el que me aconseja en mis momentos de duda, el que me ama cuando ni yo lo hago, el que me apoya en la incertidumbre, me consuela en mis días de tristeza, me humedece los labios cuando mi saliva no basta y hasta me seca las lágrimas con una suave caricia de brisa en mis días de sombra.
Este es mi pedacito de cielo, en quien confío mis secretos y alojo mis p***s; donde descansan mis miedos, inseguridades, creencias que arrastran patrones: los guarda, para que no se escapen, para demostrarme que en él puedo confiar.
Aquí, en este pedacito, cada día nace una nueva mujer cada mañana para dejarla morir en las noches y darle paso a la que renacerá la mañana siguiente. Soy todos los días un alma de una mujer renovada.
Gracias cielo: Mi Cielo; por ser, por estar, por existir

Estuve toda la tarde en casa meditando; hice yoga y leí un poco. Mis hijos llegaron cerca de las 7 de la tarde y me enco...
03/01/2026

Estuve toda la tarde en casa meditando; hice yoga y leí un poco. Mis hijos llegaron cerca de las 7 de la tarde y me encontraron en un ritual de belleza que practicaba muy pocas veces y llevaba un buen tiempo sin aplicarme. Se sorprendieron al verme salir con un vestido rojo que no conocían porque me lo puse en ocasiones especiales para lucirle solo a él; para eso era mi hombre.
Cuando pienso en él como mío, analizo lo poco posesiva que soy y aún así siempre sentí que era mi propiedad; no por tóxica sino porque así me lo hacía saber y era feliz de que yo lo sintiera, de la misma manera que yo me llenaba de orgullo con decirle que yo era completa y absolutamente suya. Muchas veces hablábamos de eso en público y teníamos que correr a escondernos en un baño, una cava o algún lugarcito que tuviera un poco de intimidad pues el solo hecho de hablarnos de esa manera nos ponía hirviendo y terminábamos haciendo el amor en lugares inimaginables. Conocíamos todas las partes de nuestro cuerpo, no existía un pedazo de mi piel que no estuviese tatuada con sus labios y sus manos.
En esos pensamientos estaba cuando sonó el teléfono, terminaba de maquillarme y me disponía a ponerme los zapatos. Mi recién conocido compañero me escribía como todo un caballero para pedir permiso para pasar a buscar a la dama que tanto le había impresionado en la mañana. Dudé un momento pero finalmente accedí, aquel hombre me transmitió una confianza desde el primer momento, lo sentí puro y vi en él un confidente.
Cerca de las 10 pasó por mí y me dijo que saldríamos a bailar a un lugar en la playa que me encantaría y así fue. Llegamos y muchas miradas se voltearon a vernos pues a mí también me impresionó cuando lo vi abrirme la puerta de su auto: un hombre alto, con sus canas entreveradas pero un corte de cabello perfecto, su camisa celeste elegante pero muy fresca con el primer botón abierto dejaba entrever un pecho marcado por los años pero muy bien definido; un jean justo, no apretado, que permitía que se marcaran sus atributos masculinos y a los que yo quedé fija mirando casi a punto de babear. Disimulé un poco para no caer en la vulgaridad pero esa mirada luego sería motivo de muchas risas y futura complicidad.
Dos personas adultas con los años marcados, bailando en una pista llena de jóvenes con música moderna, fue un acontecimiento que llamó la atención de varias miradas. Pero solo una nos causó interés, a los dos: ahí estaba aquel muchacho que me miraba con una mezcla de deseo y vergüenza. Nos dimos cuenta y le comenté a mi compañero, hasta ese momento él no había hecho más que tocar mi cintura por una cuestión de respeto. Nos sentamos cerca de la playa para tener un tiempo para nosotros, continuar la conversación de la mañana, había tanto que saber el uno del otro, pero no había apuro, hablamos con calma y evidentemente ya estaba el deseo carnal pululando entre nosotros, nos contamos intimidades y de lo que no habíamos hecho que nos gustaría hacer. Fuimos dos amigos íntimos recién conocidos pero era evidente que éramos almas que se conocían. Pasaron dos horas volando donde no escuchábamos ni la música y nos habíamos perdido la mirada que insistentemente nos procuraba aquel mozo.
Fuimos tan cómplices que cuando el chico se acercó con una pregunta de excusa para acercarse a mí, el caballero a mi lado se acercó con ternura a mi rostro, me besó suavemente los labios, otra beso en la mejilla, se volteó y parado de frente al joven, le dijo: puedes bailar con ella, solo espero respeto de tu parte. Yo sentada, con aquellos dos hombrazos parados frente a mí en esa escena digna de película de Hollywood, sentí que salía líquido de mi cuerpo y tuve que contenerme para no llevarlos a los dos arrastrados hasta un lugar solo para los tres.
El muchacho tendió su mano en señal de invitación a bailar y yo, con mirada de picardía me levanté sin quitarle los ojos de encima. Miré al caballero que tenía a mi lado con ojos de dama cachonda y complicidad porque ambos sabíamos que aquella noche íbamos a terminar viviendo experiencias completamente novedosas e increíbles.
(Continuará...)

Ha terminado un año en el universo. Un año de cambios para el mundo entero, convulso, marcado por desastres naturales, e...
01/01/2026

Ha terminado un año en el universo. Un año de cambios para el mundo entero, convulso, marcado por desastres naturales, enfermedades, guerras. Pero también por una expansión de conciencia, un despertar humano, una vibración de la tierra que se ha alineado a las personas que están en la misma frecuencia.
Eso ocurre en el planeta y en mi vida han ocurrido tantas situaciones y procesos que si de algo me deja convencida este año que termina, es que somos más que solo carne. Somos una combinación de mente, cuerpo y espíritu que trasciende la vida, que nos muestra que el camino ap***s comienza y que lo que creamos que puede suceder es porque lo podemos materializar y cambiar nuestra realidad sea cual sea la que estemos viviendo ahora.
Solo me resta desearles feliz año a todos y que el próximo sea de cumplir todas las metas que se han planteado

Etapa en superación 1 Hace unos meses, cuando terminó mi relación después de 5 intensos años, pensé escribir cada día pa...
23/12/2025

Etapa en superación 1

Hace unos meses, cuando terminó mi relación después de 5 intensos años, pensé escribir cada día para tener contenido creado y poder delimitar cada situación y emoción de todos los momentos. Pero dolía tanto que no me animé a hacerlo, debí haberlo hecho, sí. Mas no lo hice y hay una razón especial por la que lo estoy haciendo ahora.
Es importante reconocer y conocerme como para definir los sentimientos por los que he atravesado en los últimos meses y más importante aún, los que estoy experimentando ahora.
Como siempre digo, no vale la pena revolcarse en el pasado ni quedarse atrapado en situaciones que ya fueron y no pueden cambiar. Sin embargo, ahora puedo hablar de esta "recién etapa pasada" desde el amor a mí y no desde el dolor. Dolor por varias razones, pero la más importante es por haber sentido mi ego lastimado y reconocer además que no es más que eso, el ego. Hoy, aunque está ahí latente ese agregado psicológico que trae consigo un sinfín de pensamientos que no m pertenecen, puedo decir que ya sé dónde duele y porqué y como calmarlo o controlarlo.

Han pasado siete  meses desde su partida, siete meses! Este numero mágico que me rodea desde que nací y que él tanto me ...
07/11/2025

Han pasado siete meses desde su partida, siete meses! Este numero mágico que me rodea desde que nací y que él tanto me recalcó. Quizá sea por eso que inconscientemente esperé el séptimo mes para darme el regalo de volver a sentir placer en otra piel.
Darme placer ha sido un instinto para mí, aprendí a procurarlo sola y tuve un compañero que me ayudaba a encontrarlo con más facilidad pero con la conciencia de que era algo muy mío, donde solo yo podía vibrar cuando mis hormonas se disparaban; para él eso era más que gratificante. Lo vi tantas veces quedar a punto de eyacular con solo mirarme estallar, ese era mi hombre!
El séptimo mes llegó justo con la primavera, mi cuerpo sentía la necesidad de salir a explorar y una buena caminata no vendría mal. Temprano en la mañana no habría muchas personas caminando por la arena, pensé. Estaba un poco fresca la madrugada, salí con una manta por encima de mi bata transparente y unas pantuflas calentitas que pronto se llenaron de arena. Comenzaba a amanecer y mis pies pesaban a cada minuto por la arena entre mis dedos y dentro de la lana. En medio de aquel desafío para mí se acercó aquel hombre, cual caballero a salvar a su dama. Se acercó a mí con cierta preocupación al ver mi tambaleo y al ver lo que me sucedía, reímos juntos.
Salía a correr todas la mañanas para mantener su cuerpo en forma y a sus años, lo había logrado muy bien. Le extrañó ver una mujer como yo deambulando a la orilla de la playa a esa hora y de un acercamiento a una palabra, de pronto estuvimos en una conversación que honestamente aún no tiene fi. Había enviudado como yo y aún no lograba desprenderse del recuerdo de su esposa. Había salido varias veces y tenido encuentros furtivos tratando de ahogar el vacío pero solo lograba sentirse peor. Le hablé de mí, de la pasión por mi esposo y por el s**o y de cómo había logrado mantenerme por siete meses sin contacto con otro cuerpo, aunque no había dejado de complacerme tal como lo había hecho en vida de mi esposo y usando todos los juguetes que me había dejado.
La conversación fue tomando un tono caliente y las miradas nuestras fueron siendo más intensas, más cómplices. Nos extrañó que en una mañana tan linda, nadie más disfrutara aquel amanecer, tal parecía que el universo conspiraba para aquel encuentro donde fueran solo dos almas que se encontraran para crear un vínculo de cuerpos en lo adelante.
Quedamos en vernos en la noche y aunque sabía a lo que íbamos, nunca imaginé que mi experiencia a partir de esa noche iba a ser completamente nueva y extraordinaria.
Corroboré al llegar a casa que el número siete es mágico para mí. El séptimo mes de mi viudez, después de 37 años de matrimonio, conocería personas y experiencias novedosas.

03/10/2025

Mis hijos me miran con ternura, saben que mi dolor es más fuerte de lo que demuestro como también saben que en poco tiempo voy a volver a brillar, no como con su padre, o quizás sí, pero lo haré.
Las gemelas saben; cuando cumplieron dieciséis años les dije que a esa edad había decidido ser la mujer de su padre y todo lo que implicaba el vínculo que teníamos el uno con el otro. Les hablé de pasión sin caer en detalles obscenos y ellas quedaron embobecidas con algunas de las historias semipicantes que les contaba. El nene ya está pronto a cumplir 18 y entiende y comprende muchas cosas, gracias a su padre dedicado a explicarle detalles que todo caballero debe tener.
Esa noche quedé embarazada, era de esperar, tanta pasión no iba a dejar para menos.
Me condujo con tanta delicadeza por los escalones del portal de entrada que yo sentía que caminaba sobre las nubes. Hubo un momento que caí en cuenta de toda la humedad que provenía de mi ser sin siquiera frotarme mis dedos como en tantas noches anteriores y sin haberle dado un beso a él siquiera.
Entramos a un salón pequeño con una chimenea, Ay! Bendita chimenea. Me paró frente a ella y puso sus dedos en mis labios en señal de guardar silencio. Fue hasta el teléfono y llamó a casa, cuando dijo el nombre de mi madre sentí una calma y una tranquilidad tan grande que sentí que me desplomaba al piso. Escuché cuando dijo que no se preocupe por mí qué todo estaba bien y solo íbamos a llegar poco después de comida. Colgó y corrió rápido a alcanzarme antes de caer sentada sobre la alfombra.
Se arrodilló frente a mí, bajó sus labios hasta alcanzar los míos y los fue rozando de a poquito, muy poquito. Se alejó lo suficiente como para mirarme a los ojos pero no tanto como para no dejar de aspirarnos el aliento uno del otro. Sus palabras fueron un decreto, una alianza, una sentencia que se cumplió tal como lo profetizó hasta hace tres días:
-Eres mía -me susurró - y yo soy tuyo hasta el fin de mis días.
Me besó con fuerza, de pronto esa delicadeza pasó a ser una combinación de furia, deseo, pasión: mordía mis labios delicadamente al tiempo que entraba su lengua de súbito en mi boca, apretaba mi cuello suave pero con fuerza como para no dejarme escapar y con la otra mano me presionaba hacia él. No sé qué tiempo estuvimos ahí, solo besándonos. El poder de un beso con pasión es algo que todos debieran conocer y vivir.
Metió su mano entre mi pelo que ya para ese entonces se había desecho sin siquiera darme cuenta y me recostó sobre la alfombra sin dejar de besarme. Se apartó de súbito y sin hablar, solo mirándome a los ojos, me acarició el rostro, el pelo, el cuello y se detuvo antes de tocar mis senos que latían al compás de mi corazón, como caballo desbocado. Me preguntó: "Continúo?". Y yo asentí con la cabeza. Desabotonó mi camisa de colegiala y abrió mi sostén dejando mi pecho completamente descubierto. Los mordió, los chupó, los acarició, jugó con ellos, les hizo el amor con la boca y los dedos, repasaba mi cuello, mi boca, toda mi cara y volvía a jugar con mis senos. Yo no me sentía dueña de mi cuerpo, para ese entonces yo gemía de un placer que nunca había experimentado ni en mis mejores frotadas.
Bajó hasta mi ombligo y de un súbito quitó el resto de mi ropa hasta quedar completamente desnuda ante él. Se paró, me miró, me observó, me detalló y fue acariciando con la paciencia de un minero cada parte de mí cuerpo, pasó sus manos casi sin tocarme por mi abdomen, mis muslos, mis piernas, mis pies, quedó arrodillado justo ante mis pies y comenzó a desvestirse. Nunca reparé en que no podría sentirme mejor porque cada segundo que pasaba era mejor que el anterior, todo lo que veía y sentía me encantaba, me estaba haciendo volar en la tierra.
Quedó completamente desnudo ante mí y al ver su p3ne ante mí sentí unos deseos desenfrenados por devorarlo. Sin saber cómo pero me arrodillé ante él y comencé a comer aquel manjar que tenía ante mí, con dulzura me fue guiando como y me dejó degustarlo por un buen rato. Aquella tarde fue la primera de muchas que comí sin tragar y me sentía llena, plena, qué delicia aquel hombre que me dejaba hacerlo mío. Con mucha suavidad y buscando mi boca con la suya, me apartó de su verg4 que a cada momento tenía más pulsaciones y se dispuso a recorrer nuevamente mi cuerpo con su boca.
Todos los dedos de mis pies fueron acariciados con su lengua; levantó mis piernas al tiempo que las acariciaba y me miraba a los ojos mientras seguía comiendo mis pies. Continuó pasando la lengua, mordiendo, saboreando, hasta llegar a mi v***a. Recordé de pronto el día que mi madre me habló de s**o y de lo que podía sentir una mujer con el hombre indicado, si mi madre había sentido lo que yo en ese momento, bendita sea mi casta familiar y las mujeres de mi familia que conocieron el placer. Mi clítoris estaba duro pero tan mojado que su lengua resbaló hacia los lados cuando rozó mi v***a.
Manjar estaba devorando él, banquete de reyes estaba comiendo, tanto era su deseo y su placer reflejado a medida que pasaba su lengua de arriba a abajo, mordisqueaba, presionaba con los labios, aspiraba, tragaba mis fluidos, los saboreaba. A veces lo miraba y no podía creer estar viviendo ese momento; otras veces no podía mirar, mi cabeza se iba hacia atrás al tiempo que mi cuerpo vibraba de placer. Sus manos inquietas acariciaban y apretaban mis senos, mi cuello, mi cintura, era como un pulpo que quería acapararlo todo con sus manos al tiempo que bebía del néctar de mi feminidad.
Me levantó de pronto y me dijo con voz firme: "Estás lista". Quedé de espaldas a él, acostada de lado con la cara casi pegada al piso completamente y sin dejar de tocarme mi clítoris siguió besando mis nalgas, mi ano, mis muslos, toda la espalda. Sentía su v3rga inquieta pegada a mí y le pedí que dejara de torturarme.
No me dejó de besar, ni tocarme con delicadeza, un dedo primero, solo la primera falange, luego la segunda, luego otro, muyyy lento, y mi pelvis se comenta mover lentamente también. Fue sacando los dedos al tiempo que acomodaba su pen3 dentro de mi va**na y cuando ya había entrado la cabeza, sentí una molestia muy leve pero mi pelvis se movía más fuerte a cada instante pidiendo más definitivamente. Fue lento, con calma, pero entró completa y para ese entonces ya él no pudo contenerse más, arrojó dentro de mí toda su esencia, desbordó su vida dentro de la mía y yo sentía que llegaba al cielo. El sudor, los gemidos, los gritos se mezclaban. Quedó encima mío, me había cruzado una pierna y había quedado frente a él. Yo lloraba de placer y vi como salieron lágrimas de sus ojos mientras su cuerpo se estremecía y su jadeo era incesante. Todo se mezcló y fue la primera de muchas veces que lloramos de felicidad haciendo el amor.
Ha sido demasiado por hoy, estos recuerdos me hacen recurrir al amigo que me dejó guardado en la primera gaveta y que me hizo jurar que usaría hasta que pareciera un amante digno de mí. Voy a consolarme con mi juguete porque me he mojado casi como esa primera vez solo de recordarlo

A día de hoy, recuerdo aquello como el más feliz de mi vida. Sí, porque ahí comenzó este viaje que me trajo también a mi...
02/10/2025

A día de hoy, recuerdo aquello como el más feliz de mi vida. Sí, porque ahí comenzó este viaje que me trajo también a mis hijos, mis amados, mi complemento; tres seres que me recordarán por siempre y me mantendrán en la cordura. El mejor regalo que me pudo dar después de aquel día y de todos los que me hicieron plena en su cuerpo.

Regresó con el auto, estacionó justo delante de mí, como preguntando si confiaba en él, y mi respuesta fue quedarme quietita. Nuestras miradas hablaron, y podía sentir el calor del motor en mis piernas, secando todo el líquido que había corrido por ellas. Me quedé inmóvil y él, caballero seductor, bajó del auto, me tomó de la mano y me abrió la puerta, indicándome que me sentara en el asiento del copiloto. Miré hacia abajo y quise explicarle que podría mancharlo, pero no hizo falta; él entendió la seña.

- No te preocupes -me dijo- a partir de ahora, ese lugar es solo tuyo y lo mandaré limpiar cuántas veces sea necesario.

Mi saya de colegiala solo cubría una parte, y supe que no debía ensuciarla, por lo que la subí con una se*******ad y una mirada de picardía que solo eran para él. Restregué mis fluidos mientras me sentaba, como un animal que marca su territorio, y él me miró sonriente y complacido, lo vi en sus ojos.

Se sentó a mi lado, arrancó lentamente el motor de aquel deportivo y, pidiendo permiso, puso dos dedos en mi entrepierna, solo en la entrepierna, cerca de mi ropa interior. Me acarició el muslo y mi clítoris latía más que mi corazón, aún sin tocarlo. Miró sus dedos mojados, los frotó como quien descubre una sustancia nueva y se los acercó a los labios, aspiró mi aroma y luego me pasó esos mismos dedos por la boca.

Para ese momento, yo babeaba; no podía pensar en nada, ni imaginarme nada. Me sentía en las nubes y, tiempo después, caí en la cuenta de que estaba tan enajenada en ese momento como quien se droga con sustancias muy potentes. Volvió a mirarme a los ojos para confirmar que estábamos listos y aceleró el auto.

Manejó casi media hora y, en todo ese tiempo, yo sentía el aire en mi cara y no podía reaccionar a nada. A veces me venía el pensamiento de lo que podría pensar mi madre, y luego lo miraba y volvía a entrar en ese éxtasis que me hacía perder la cabeza en las nubes.

Finalmente, estacionamos frente a una cabaña. Se bajó, me abrió la puerta y, agarrándome por los hombros, me paró frente a aquella bendita casa. Se acercó por detrás, me apartó el pelo y me dijo muy bajo al oído: "Desde que te vi y supe que este momento iba a llegar, busqué y compré este lugar especialmente para nosotros; es tuyo".

Desde entonces, este es mi lugar preferido en el mundo. Mirar la chimenea, sentarme frente a ella o recostarme sobre la alfombra es suficiente para traer a mi mente el torrente de recuerdos más sensuales, adorables, candentes y pervertidos.

Lo que pasó en esta cabaña... lo plasmaré mañana.

Ya no está quien controla mis demonios; no está. Ahora sale esa parte de mí, esa parte primitiva que solo él podía calma...
01/10/2025

Ya no está quien controla mis demonios; no está. Ahora sale esa parte de mí, esa parte primitiva que solo él podía calmar. Dulce placer reprimido cuando me hacía el amor. Mi carne siempre ha estado inquieta y solo él podía tranquilizarla.

Era casi una niña cuando lo conocí; al menos así me decía: "mi niña". Con quince años, criada entre monjas y en una familia tradicional y conservadora, había descubierto mi cuerpo a escondidas. Me tocaba con ansias y soñaba con ser poseída o desposeída por casi todos los hombres que veía en mi camino al colegio. Hombres atractivos que miraba de reojo y que no se fijaban en una chica que ap***s levantaba la mirada, hasta que él me vio.

Tenía 33 años y reconoció al instante, en mi mirada furtiva, las ansias de devorarlo que sentí de pronto. No fue como otras veces, donde yo solo miraba de reojo; este hombre me atrajo en serio y lo miré a los ojos, le observé para que se diera cuenta. Yo no necesitaba más para caer entre sus piernas; sin embargo, hizo algo más: me sedujo. Cada día me iba seduciendo de distintas formas, sin tocarme, solo con miradas o palabras solapadas que escapaban hacia mí.

Cada vez que lo veía, que su mirada me penetraba hasta la médula, tenía que correr al baño a cambiar toda mi ropa interior; me mojaba y terminaba frotando mi clítoris, imaginando vagamente su cuerpo. Sus ojos negros y sus labios semiabiertos eran suficientes en mi imaginación para que salieran chorros de mis entrañas.

Fue un socio antiguo de mi padre; no se había casado aún, pues según él, ninguna lo merecía. Se había dedicado a la industria del marketing, las relaciones públicas y las ventas, y era un as en todo lo que hacía, con el don de la persuasión de su lado. Al enterarse de la muerte de mi padre, visitó nuestra casa para ofrecer su ayuda, y cuando me enteré de eso, me enamoré perdidamente. Me dispuse a averiguar discretamente con la ayudante de mi madre sobre él y me dijo que era un lobo solitario y seductor que se quedaba en un hotel cerca de la oficina.

Ese día, el colegio cambió de dirección; me situé frente al edificio donde radicaban sus negocios y esperé con calma, con la paciencia de una fiera que vigila a su presa con la certeza de devorarla. Estaba por cumplir 16 años y, aunque mi deseo carnal era constante, no veía a nadie digno de entregar mi piel, mucho menos de mi esencia. Lo vi salir y me mantuve caminando tras él, lo suficientemente cerca como para no perderlo y lejos como para que no me viera, o al menos eso creí yo.

Se detuvo de pronto frente a un edificio a dos cuadras y miró hacia donde yo estaba; se heló mi sangre y mi corazón resonaba en mi garganta. Se acercó suavemente y, en cada paso, yo tenía un cúmulo de sentimientos encontrados. Por una parte, sentí miedo, como el cazador que termina cazado; sentí coraje para desafiar su postura y abrir el juego que para mí valía mucho. Por otra parte, no podía controlar el fluido que corría por mis piernas desde mi va**na al ver esa imagen que me aceleraba más cerca a cada momento.

Se acercó, levantó suavemente mi mentón con dos de sus dedos y, con los otros, ap***s acarició mi cuello. Pegó sus labios a mi oído y me susurró algo que hasta hoy tengo presente:

- Aquí no, tú mereces lo mejor porque tú eres especial. Espera un momento.

Y... sí, regresó.

Voy reviviendo cada día vivido y guardando para no olvidar. Mañana vuelvo a mi siguiente página.

Ideas que van y vienen a mi cabeza, que me hacen pensar que tengo un poco de cordura, solo un poco para andar por este m...
28/09/2025

Ideas que van y vienen a mi cabeza, que me hacen pensar que tengo un poco de cordura, solo un poco para andar por este mundo de locos. Y gracias a Dios, mantengo mi locura para sobrevivir a este mundo de los que se creen cuerdos.
Imágenes hechas letras que relatan historias vivientes y soñadas, eso dejaré plasmado aquí y cada día me iré presentando, no bipolar, no con personalidades múltiples, no con otro yo. Seré yo misma, un poquito de cada cosa en cada historia y espero que uds también se vean reflejadas.
Esta página es especialmente para mujeres pero créanme, los hombres se sorprenderán y los que estén en el camino correcto, de seguro se deleitarán 👌

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