03/04/2026
(Continuación)
Esta historia terminará el día que nuestros ojos se cierren. Los ciclos que estamos viviendo cada uno, somos conscientes que no terminará sino con el fin de nuestra existencia en este plano. He comprendido que mi karma en esta vida es, absoluta y literalmente, hasta que la muerte nos separe.
Mi esposo no me abandonó, no me dejó por el simple hecho de haber trascendido, sino que esperó siete meses después de haber partido para devolverme todos los placeres que él sabía iba a experimentar. No me dejó para uno, sino para dos hombres que me hacen feliz cada día y que me hacen vibrar con el solo hecho de rozar sus labios.
Mi compañero que en un solo día se convirtió en mi cómplice y confidente, nos guió hasta su mansión, una casa hermosa con vista a la playa en la zona más discreta y afrodisíaca del condado. Descendimos del auto y el galán que nos seguía en su moto, no demoró un segundo para ayudarme a bajar del auto. Qué sensación tan satisfactoria, me sentí la matriarca de aquellos simples mortales y vi en sus miradas que iban a ser esclavos a mis antojos.
Mi caballero, me tomó por la otra mano y me condujeron hasta un estar amplio y cómodo, con sofás de tres cuerpos que tal parecía que nos estaban esperando. Ahí comenzó mi nuevo despertar, mi fantasía cumplida, esa que pensé, se había ido para siempre. Ese señor maduro y seguro de lo que hacía, me sonrió con mirada de aprobación, nos indicó el sofá y con un guiño para su compañero nos dijo: "pónganse cómodos, les prepararé un trago". Y se alejó...
El joven, aún un poco desconcertado me miró intrigado y yo le aseguré que haríamos todo cuanto estuviéramos de acuerdo los tres pero debía saber que a la reina se le debía obediencia. Se abalanzó encima mío y con firmeza lo paré de golpe con la mano en el pecho para acto seguido agarrar su camisa con fuerza y acercarlo a mis labios con pasión.
Quedó justo delante de mi pecho y comenzó a decorar suave pero firmemente todo cuanto tenía delante. Era un manjar y se deleitaba quitando cada parte de mi vestido rojo con sus labios. Cuando nuestro anfitrión entró al living con una copa en casa mano y una carcajadas de placer, ya yo estaba completamente desnuda y extasiada de ver cómo aquellas fieras querían decorar mi carne. Nos tomamos el trago entre besos, uno a cada lado mío y acariciando mis pechos y mi clít0ris que para ese entonces estaba tan rígido como cualquiera de las verg4s que sobaba de arriba a abajo con cada mano.
Mi caballero se sentó en el otro sofá con su miembro en la mano: "este es tu momento, muchacho, disfruta".
Debo admitir que en mis años, aún siendo una mujer muy activa sexualmente y con las experiencias más maravillosas en cuestiones de hacer el amor, nunca había sentido un nepe tan duro; mi marido, aunque fuerte y potente, ya tenía sus años cuando me hizo suya y se los sentía en sus genitales aunque yo no había tenido nunca oportunidad de compararlo. Por eso había esperado siete meses para presentarse de esta forma y darme placer con estos dos ejemplares. Aquel mozo me montó cuál jinete sobre su yegua, cabalgó sobre mí hasta saciarse; me tocaba, me besaba, pero su inmadurez terminaba en aquel movimiento desenfrenado de cintura que me hacía vibrar cual juguete sexual. Aquello tan duro dentro de mí, con tanta soltura, era algo que nunca había experimentado y me tenía extasiada y asombrada. Cuando llegó su gemido tenía su miembro entre mis pechos y todo su líquido quedó desparramado sobre mi cara. Quedó tirado a mi lado y me besó con tanta pasión que sentí a mi marido más presente que nunca.
Para ese entonces, nuestro espectador había parado de acariciarse pero su miembro permanecía cuál soldado preparado para el combate a vencer o morir. Se paró del sofá, se nos acercó y le dijo al mozo: "traela, que ahora te enseño otras maneras de darle placer a una mujer".
Wao, aquellas palabras me sonaron a las puertas del cielo; a pesar de llevar 54 minutos siendo montada en mil posiciones, esas simples palabras hicieron que de mis entrañas brotaran los fluidos que marcaban que estaba lista para una nueva batalla. El joven se acercó, me limpió los restos suyos que había dejado en mi cuerpo, mientras yo lo besaba y le acariciaba sus cabellos y él me chupaba los senos para dejarme absolutamente limpia. Me cargó en sus brazos y me llevó a una habitación con una inmensa cama con un colchón de espuma digno de mí.
Aquel hombre no dejaba de asombrarme, me dijo mirándome directamente a los ojos: "ahora es nuestro turno". En un santiamén estaba encima mío jugando con mis labios, su lengua iba de un lado a otro dentro de mi boca, la soltaba y volvía agarrarlo cuál depredador seguro de su presa. Bajó suavemente por mi cuello y sin dejar de acariciar mis pechos, los comió con dulzura, con paciencia, esperó que fuera yo quien le empujara a continuar bajando. Recorrió todo mi abdomen y cuando llegó a mi v***a, quise demorar el orgasmo, más no pude; bastaron ap***s 15 segundos para que mi gemido le hiciera darse cuenta que había logrado su cometido. Aquella lengua sabía lo que estaba haciendo y lo hizo muy bien. Sentí que me vaciaba, que mi cuerpo se estremecía y además se curvaba cuál contorsionista; lo agarré con fuerzas por la cabeza y de un giro caí encima de él. Bajé lentamente toda mi v***a desde su boca hasta su pelvis y me fui introduciendo suavemente su verg4 completamente dura, o al menos lo más que la podía tener, jugué con la puntita entrando y saliendo hasta q m presionó con fuerza hacia él y se contuvo un momento mirándome a los ojos como suplicando, déjame disfrutarte un poquito más. De pronto se dio cuenta que esa era la primera de muchas y se dejó llevar, me agarró de espaldas y me viró de espaldas, para quedar su pecho en mi espalda y su miembro clavado entre mis nalgas. El rugido que emitimos los dos juntos estremeció la habitación y duró más de un minuto.
Esto es solo un relato, pero las palabras exactas para describir tanto placer son realmente difíciles de encontrar. Mi yo interno voló a otra dimensión y me juré que iba a sentirlo mientras viviera y tuviera fuerzas para hacer el amor con ellos.
..
Han pasado 10 años desde entonces, el joven ya tiene 30 años, su miembro sigue igual de duro y ha conocido todas las mañas que le pudo haber enseñado mi caballero. Ese caballero que se volvió mi amante, mi amigo fiel y mi provocador de placeres casi espontáneos. Ya no tiene la misma virilidad, muchas veces solo observa; yo tampoco estoy como antes, algunas carnes han caído y por momentos tengo que hacer algún malabar para complacer a mi mozo pero yo termino extasiada como siempre. He recorrido muchas dimensiones desde entonces pero estoy segura, que desde este plano estoy cumpliendo la misión del placer y que en otra vida, nos reencontraremos para ser y hacer felices a todo el que nos rodee
FIN