09/06/2026
EL PECADO QUE NO VEO | KERYGMA MUSIC NEW ORLEANS
Hay pecados que reconocemos con facilidad porque nos avergüenzan. Pero existen otros mucho más difíciles de descubrir: pecados que se esconden detrás de aquello que consideramos virtudes.
Podemos conocer las respuestas correctas, defender la sana doctrina, servir, ayunar y hablar continuamente de la gracia; sin embargo, aun esas cosas buenas pueden convertirse en instrumentos de orgullo, comparación y autoprobidad. Podemos exigir arrepentimiento a los demás mientras nosotros mismos no sabemos confesar. Podemos pedir justicia para otros y comprensión para nosotros.
“El pecado que no veo” es una canción catequética inspirada especialmente en la parábola del fariseo y el publicano de Lucas 18:9–14. El fariseo no subió al templo presumiendo de pecados escandalosos. Presentó delante de Dios sus obras religiosas y las utilizó para establecer una diferencia entre él y el hombre que estaba a su lado. El publicano, en cambio, permaneció lejos, sin levantar los ojos y sin presentar méritos ni excusas. Solamente pudo clamar:
“Dios, sé propicio a mí, pecador”.
La canción también recoge la advertencia de Jesús acerca de la paja en el ojo ajeno y la viga en el nuestro. El problema no consiste únicamente en que veamos la falta de otra persona, sino en que podemos pronunciar sobre ella una sentencia que, sin darnos cuenta, también nos condena a nosotros.
La autoprobidad —o justicia propia— se disfraza de virtud. Puede hablar el lenguaje de la verdad sin tratar a los demás con gracia. Puede defender la doctrina sin permitir que esa misma doctrina examine el corazón. Puede señalar al pecador mientras aparta los ojos de la cruz.
Pero cuando la luz de Dios expone aquello que no podíamos ver, nuestra justicia queda en ruinas. Ya no tenemos una obra que mostrar, una comparación que establecer ni una excusa que añadir. Llegamos delante de Dios con las manos vacías.
Y allí descubrimos el corazón del evangelio:
Cristo es toda nuestra justicia.
No somos recibidos porque nuestras obras superen las de otros, sino únicamente por la vida perfecta, la muerte sustitutiva y la resurrección victoriosa de Jesucristo. Nuestra confianza no descansa en lo que hemos logrado hacer para Dios, sino en todo lo que Cristo hizo por nosotros. Su justicia, recibida por la fe, es nuestra única esperanza para acercarnos al Padre.
El video presenta este recorrido mediante dos historias que se reflejan mutuamente: el fariseo y el publicano en el templo, y un creyente contemporáneo que conoce la verdad, sirve en la iglesia y corrige a los demás, pero necesita que Dios abra sus ojos para descubrir la viga escondida en su propio corazón.
Esta canción no fue escrita para señalar a “los fariseos” que creemos reconocer a nuestro alrededor. Está escrita como una confesión en primera persona. La oración no es: “Señor, muéstrales su pecado”, sino:
“Señor, abre mis ojos,
muéstrame la viga en mí;
sé propicio a este pecador,
ten misericordia de mí”.
REFERENCIAS BÍBLICAS
Lucas 18:9–14
Mateo 7:3–5
Filipenses 3:7–9
Salmo 19:12
Salmo 139:23–24
CRÉDITOS
Autor: Roberto Eric Lugo Rivera
Ministerio Conexión Calvario
© 2026 Kerygma Music New Orleans
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https://youtu.be/v8cayZH6J5E?is=kKDl-orOUiWJo8EH
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