08/27/2026
Hace más de seis años, Yayoi Kusama entró a Imago de esta manera.
Construimos con nuestr@s niñ@s un pequeño universo inspirado en su obra: un espacio en el los puntos escapaban del papel, recorrían las paredes y el techo y transformaban por completo la manera de mirar y habitar una habitación.
Hoy, al conocer la noticia de su partida, volvimos a esta imagen y recordamos algo que quizá sea una de las huellas más hermosas de su legado: Kusama nos enseñó que el arte podía envolvernos, multiplicarse, desbordar los límites de un cuadro y convertirnos también a nosotros en parte de la obra.
Durante más de siete décadas convirtió la repetición, los puntos, las redes, los espejos y la idea del infinito en un lenguaje absolutamente suyo. Y siguió creando hasta sus últimos días.
Pero para nosotras hay otro legado especialmente hermoso: la capacidad de su obra para despertar el asombro de un niñ@.
Esta fotografía tiene más de seis años. Esta niña creció. Aquella instalación desapareció. Pero la experiencia, la curiosidad y la memoria permanecen.
Quizás de eso también se trata el infinito.
Gracias, Yayoi Kusama, por dejarnos tantos universos por descubrir.
1929–2026